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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • En la indefensión

 

Lo que le sucedió a la española –María Villar Galán-, a quien secuestraron y asesinaron unos auténticos sátrapas, les ocurrió también a miles de mexicanos, con la diferencia de ser autóctonos e hijos de Juan Lanas y Cuca Pérez.

Indignante el ver de nuevo a este tópico, en las primeras planas internacionales. Ofensivo el que tengamos Gobiernos, de tal calibre de irresponsables, que son incapaces de darnos seguridad, su principal obligación.

La tragedia que recorre el mundo se originó cuando la joven mujer tomó un taxi, en la tan exclusiva zona de Santa Fe. Lo que se presumió como un secuestro “exprés” (Aquellos en los que se obliga a la víctima a vaciar sus tarjetas en cajeros automáticos, se le roban el resto de las pertenencias y luego la tiran en algún lugar lejano), acabó en la pérdida de su vida.

Sale sobrando el que nos califiquen de bárbaros, de salvajes y se alerte en cuanto a poner un pie en esta República: las autoridades que tendrían que dar la cara, más valdría que se quedaran calladas.

El titular de la SEIDO, central de investigación de la Procuraduría General de la República –Gustavo Salas-, con cara de enojo declaró a la prensa que, “se cumplieron todos los protocolos”. Habría que responderle que los revise, porque a lo que se ve sirven para maldita la cosa.

La coordinadora Nacional Antisecuestros –Patricia Bugarín- se llenó la boca diciendo que era “atípico” (A saber a qué se refería) y que, la “Ciudad de México es segura” (Tanto, que vives “con el Jesús en la boca” y la zozobra a flor de piel).

Isabel Miranda de Wallace, como cabeza de una asociación contra el secuestro, cuando menos, dio algunos datos. Mientras el insigne procurador capitalino (Rodolfo Ríos, el galán de lonchería), sostiene que en este año ha habido 34, Wallace habla de que la PGR atiende casi el doble, en esta “segura” capirucha. (Desde que tomó el poder el miniMancera se contabilizan 684).

Hace un par de semanas me enteré del caso de una joven, a la que secuestraron en un Uber. Abordó y a las dos cuadras de su casa, vio que el conductor cancelaba el servicio en su móvil. Le preguntó por qué lo hacía y le dijo el fulano que estaba fallando el sistema. No tardaron en subirse al vehículo un par de tipejos, al parecer alcoholizados y drogados, que le vendaron los ojos, le robaron sus pertenencias y encima se dedicaron a manosearla y golpearla, ¡cuatro horas! Después la tiraron por la zona de Interlomas. Con secuelas físicas por la golpiza, lo peor es su estado psicológico.

Se negó a denunciar, como tantas otras víctimas, convencida de que solo sería una pérdida de tiempo. Ahora que se supo lo de María Villar, debe estar agradecida de que salvó la vida. Frente a la ominosa impunidad, por incompetencia, negligencia o corrupción de las autoridades, se trata de olvidar el trago amargo y se procura echarle tierra al asunto.

En Poza Rica, Veracruz, secuestraron y asesinaron a dos sacerdotes (Alejo Jiménez y José Alfredo Suárez) y el inaudito asno que preside la Fiscalía estatal (Luis Ángel Bravo), previo a cualquier investigación se dio el lujo de afirmar que “no fue la delincuencia organizada, sino que estaban conviviendo, ¡libando! y acabaron en discusión”.

Las incoherencias de este “servidor público”, vienen de largo. En el expediente de la joven Gladys, a la que violaron unos “pirrurris” locales, armó el peor de los enredos. Basta con escuchar los “lamentos jarochos”.

Vivimos en la indefensión y en la impotencia de ver que los desgobernantes solo eso hacen: desgobernar.

catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq