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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • El hotentote imparable

 

Los mismos gringos se quedaron boquiabiertos. Les pareció vergonzoso un debate, entre Hillary Clinton y Donald Trump, en el que saliera a relucir tanta suciedad. Ni hablar: confirma que la caballada está flaca, hasta en el que todavía se piensa como el Imperio.

Los analistas se devanan los sesos, por la posibilidad de tener certeza sobre el triunfador de las elecciones de noviembre. Creyeron “muerto” a Trump, tras el destape del video en el que confirma su estilo de depredador sexual, pero llegó al espectáculo del pasado viernes, con su peculiar habilidad para hacer a un lado sus tropiezos.

Hay que colocarse en la mentalidad de los vecinos del norte, para intentar entender el por qué la “gran potencia” acabó con un aspirante de cuarta y una contendiente, que tampoco hace demasiada gracia.

Desde tiempos del repudiado Bush junior, empezó a ahondarse la polarización económica. Los ricos, a pesar del brutal descalabro financiero de Wall Street y del gravísimo conflicto de la vivienda, cada vez más ricos. Se incrementaron los índices de pobreza y la Clase Media acabó, perdiendo su techo y teniendo que apretarse el cinturón, mientras en cantidad, adelgazaba.

Lo que fue la gloria del “American way of life” –el poderío de una clase media fuerte y dominante-, se esfumó en razón de las políticas equivocadas, a favor de la especulación.

Obama recibió el enorme desastre del que, con enormes esfuerzos se ha logrado medio salir adelante, aunque todavía la recuperación es limitada y con altibajos. Hay periodos en los que se dice que podría regresar el fantasma de la reciente depresión.

Azuzado por las carencias de un grueso estrato de la sociedad –en particular en el ámbito de la salud-, lanzó el conocido como “Obamacare” –ampliación de los servicios a la capa más desprotegida-. Si bien logró beneficiar a millones de personas, también afectó a otras tantas, que encajan dentro del sector de las clases medias.

Las compañías de seguros dispararon sus precios, los que empiezan a hacerse inaccesibles. Pusieron restricciones y cobran más, cuando los sueldos permanecen con incrementos anuales mínimos. (A la par que lo hacen en este trópico, donde tener seguro particular se convierte en un “lujo asiático”).

Este núcleo de población, al que le importa un bledo la protección de los de abajo y sólo centran su interés en su bienestar individual y familiar, está que truena contra la gestión demócrata. Insatisfechos, empezaron a unirse al coro que convoca el regreso del Partido Republicano, así éste permitiera que se trepara a la candidatura, un individuo como Donald Trump.

El estrafalario personaje, acostumbrado a las pantallas televisivas, encontró su nicho, diciendo lo que querían oír, culpabilizando a factores de origen externo, como causantes de la pérdida de calidad de vida (son los mexicanos que nos quitan los empleos y hay que construir un muro, así como los chinos y los musulmanes, fuente de terrorismo).

Dio en el clavo con estos señalamientos de quienes “favorecieron el desastre americano”. Movió las fibras emocionales de una población que se cree la mayor potencia mundial, comprometiéndose a recolocar a los Estados Unidos, en la cima.

En el lado demócrata, tampoco Hillary Clinton era el ideal. Se le acusa de corrupta, por lo que la elección pinta negra, al tener que cruzar la papeleta por el menos peor.

Dónde están los estadistas, la inteligencia de los partidos para llevar al mejor y la de los pueblos para rechazar a falsos profetas.
catalinanq@hotmail.com

Twitter: @catalinanq