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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • Zhenli Ye Gon: desmemoriados

Vivía en las Lomas de Chapultepec, como cualquier otro empresario. La casa de lujo y los niños en un colegio particular de renombre. Se ostentaba como propietario de una compañía (Unimed Pharm Chem de México y Unimed Pharmaceutical), dedicada a la venta de químicos a la industria farmacéutica.

Los compañeritos de los hijos iban de visita y vecinos y conocidos los consideraban personas amables y educadas. Quién les iba a decir que sus chamacos jugaban en un inmueble, en el que se apilaban billetes.

Sucedió en el 2007, primer año de Felipe Calderón. El sueño de la familia de origen chino se rompió con la irrupción de un enorme operativo policiaco.

Al llegar las huestes de la PGR, encontraron un cuarto en el que se acumulaban billetes, de piso a techo, de todas las denominaciones y de varias nacionalidades.

Los dólares sumaban 205 millones, –aunque hay quien insistió en que eran 300-. Conociendo a nuestros insignes “polecías”, es seguro que les “fallara el cálculo”, o que una parte se pegara en los bolsillos de algunos. Había también cantidades importantes de euros, de dólares de Hong Kong, de centenarios y joyas.

Las autoridades aztecas fueron a dar con el público escondite de los haberes, tras un decomiso de casi 20 toneladas de seudoefedrina, que entraron por el puerto de Lázaro Cárdenas, Michoacán, procedentes de China y dirigidas al interfecto.

Fue entonces cuando se dieron cuenta de que era el máximo importador de la sustancia básica para elaborar las metanfetaminas. Entre 2005 y 2006 había importado tal cantidad del precursor que, una vez hecha la droga, suponía más de 700 millones de dólares, de venta en las calles.

El oriental insistía en su inocencia y trató de defenderse como pudo, incluida su declaración de que, un político azteca lo había amenazado y obligado a guardar los oros, bajo la consigna que se hizo famosa, del “coopelas o cuello” (Cooperas). Señaló como autor de la intimidación al actual senador Javier Lozano Alarcón, quien juraba que el individuo mentía.

La razón que argumentaba Zhenli es que se trataba de dinero para las campañas, a fin de comprar votos. Se fugó a Estados Unidos, lo pescaron en Maryland y después de nueve años nos lo regresan –eso tardó el proceso de extradición-, sin que se le sancionara del otro lado de la frontera, porque un juez sentenció que no había pruebas de su culpabilidad (El testigo principal se retractó de sus acusaciones, en México).

Ahora llega y lo entamban en el Altiplano, de alta seguridad. Lo trasladan sin esposas –lo cual habla de que no es peligroso-. Lo encausan por lavado de dinero y otro titipuchal de cargos.

De que la billetiza era de procedencia ilícita, ni duda cabe. Tampoco suena raro, el que se pensara usar para compra de votos. Se le cargará con todo el peso de la ley, aunque repite a diestra y siniestra, que lo van a matar. Podría ser, de acuerdo a las condiciones de nuestro “sistema de readaptación social”, si hiciera el mínimo comentario sobre el origen y destino del efectivo y deslizara nombres.

Pasan las décadas y nada cambia. La alquimia electorera se practica a tambor batiente. Del financiamiento, a cargo de Pemex, de la campaña de Francisco Labastida, a las tarjetas de Monex y hasta los burros de López, lo mismo.

Sería el momento de esclarecer las verdaderas actividades del chino y de quiénes fueron sus “verdugos” y sus socios. El político en cuestión, sigue en la línea y tendría que declarar, aunque la impunidad volverá a dejarnos, en el reiterativo limbo.

catalinanq@hotmail.com              Tuiter: @catalinanq