imagotipo

Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • Canibalismos panistas

Le llaman “democracia interna partidista”, al sacarse los ojos. Se dan hasta con la cubeta, a sabiendas de la imagen que se percibe al exterior. Se dividen por manipulaciones de Felipe Calderón, en su demencia porque la “silla embrujada” del 18, sea para su Margarita.

Y la cónyuge, con su natural soberbia y la apariencia de que no rompe un plato, se placea hasta en la sopa, creída de unas encuestas –que dizque la colocan en el primer lugar de simpatías-, como si el fiasco de las mencionadas mediciones, supusiera el tránsito seguro a una realidad.

No es la primera vez que el Calderetas atenta contra su propia cuna ideológica –si le queda algo de los fundamentos panistas-. Lo hizo a lo largo de los seis años, en los que despertó al “México bronco” y nos asestó su “Guerra contra el narco” (Que basta con ver la catástrofe que supuso).

Inició su labor de zapa, para apropiarse del Blanquiazul, arremetiendo contra Manuel Espino, su entonces líder nacional. No se detuvo para atacarlo, hasta que Espino salió e inclusive renunció a su militancia, a pesar de los muchos años de pertenencia.

Impuso entonces (Con su característico autoritarismo), a Germán Fernández Cázares, que tampoco le funcionó. Volvió a imponer –se le hizo costumbre- a César Nava (Marido de la cantante Patilú), personajillo que compró un regio departamento en la Avenida Rubén Darío –una de las más caras de la Ciudad de México-, de precio inaccesible para cualquier mortal y encima tuvo el cinismo de decir que lo había conseguido por la cuarta parte de su precio (Lo que se lo creyó, ¡Rita!). De paso, tampoco consiguió el reposicionamiento.

Mientras el entonces residente de Los Pinos, intervenía cínico, en la marcha de Acción Nacional, empezó el éxodo de miembros de primera línea, azorados por la injerencia del dictadorzuelo que se creyó dueño del organismo político.

Después de Nava designó a Gustavo Madero, con quien acabó a la greña, cuando el chihuahuense se le quiso salir del huacal. Ahora busca echar fuera al “joven maravilla” –Ricardo Anaya-, a quien empieza a ver como un peligro para la candidatura presidencial de su doña.

Si alguien fue crítico con Vicente Fox, fue quien ahora repite el patrón de querer entronizar a la respectiva pareja, como heredera de una investidura –para la que, ninguna de las dos tiene la mínima preparación-.

Madero encumbró a Anaya, del que esperó incondicionalidad y la devolución del favor. Cuando le negaron el liderazgo de la fracción congresista, calificó de traidor a su pupilo y regresó a su natal Chihuahua.

En ese plan de toma y daca, suscribe la famosa carta de los dieciocho, que se publicó el domingo. Le exigen a Anaya definirse y dejar de gastar los fondos del organismo, en su autopromoción para el cargo que  anhela Margarita. Poco agradecen sus logros, como el de levantar al PAN y hacerlo resurgir, después de los tantos descalabros electorales.

Encabeza la lista de firmantes Ernesto Cordero, brazo derecho de Felipe. También rubrica Roberto Gil Zuarth, senador perejil de todas las salsas (además, “constituyente” de la Capital) y se adhieren un resto que propugnan porque el Calderetas –quien sería el “poder tras el trono”- nos vuelva a hacer pomada, el próximo sexenio.

Se pintan solos: Traiciones, zancadillas, intereses creados de “rebeldes”, urgencias de eternizarse en el poder y, para ello utilizan maledicencias y trastupijes. Del “Maravilla”, ni qué decir: le cayó el chahuistle, el que se buscó, también, por ambiciosillo.
catalinanq@hotmail.com

Twitter: catalinanq