imagotipo

Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • ¡A cacerolazos!

La población está harta de la inseguridad y se multiplican los casos de autodefensa, en vista de que las autoridades no resuelven el problema. De seguir así, ¡agárrese el que pueda!

El Estado de México se convierte en un infierno. Los índices de criminalidad, en ascenso, a pesar de la ayuda directa de la Federación, con policía federal y otras fuerzas.

Subirse a un transporte público es estar consciente de que te van a asaltar y date con un canto en las narices, si la agresión no llega a más. Hay quejas al por mayor sobre la incertidumbre que viven los habitantes de la entidad, forzados a movilizarse en transportes, fuente de “sobrevivencia” para los muchos sátrapas.

En días pasados apareció un vengador, un justiciero, o como le llamarían los gringos, un vigilante. Circulaba el autobús por la carretera México-Toluca, cuando cuatro personajes se subieron, amenazaron al pasaje y le quitaron sus pertenencias. Una de las posibles víctimas sacó un arma, empezó a dispararles, los bajó y ejecutó a balazos.

Cuando terminó su “hazaña”, volvió a subir al vehículo, les devolvió sus propiedades a los pasajeros, le pidió al chofer que echara a caminar y a corta distancia descendió y se perdió en una brecha.

El suceso alarmó a las omisas autoridades, que perjuran que darán con el multiasesino. ¿Y quienes iban en el transporte? Felices de haber recuperado sus escasos haberes y ha sido imposible que “recordaran” la fisonomía del justiciero.

Los directivos de las líneas están hartos de presentar denuncias y que no pase nada. Los autobuses cuentan con cámaras de seguridad y se tenían los retratos de los barbajanes dedicados a despojar usuarios. Ni se les escuchó, ni se movió la hoja de un árbol.

En semanas anteriores, a otro par de rufianes, dedicados al mismo negocio, los cosió a tiros otra de sus víctimas.

En Aguascalientes, tres bravías mujeres mataron a cacerolazos a un individuo que entró a robar en su casa, en la madrugada. El tipo se introdujo a la habitación de una de ellas, que se despertó y empezó a gritar. La golpeó, pero llegaron en su ayuda sus compañeras de domicilio y se dieron vuelo contra el ratero que tenía un cuchillo y que acabó muerto a golpes. El hombre, de 22 años, acababa de salir de la cárcel y su familia dice que tomarán venganza, “porque él nada más entró a robar y no tenían por qué matarlo” (pues que se hubiera quedado durmiendo en su camita). Las tres féminas quedaron libres por legítima defensa, como mandata la ley.

El alcalde de Aguascalientes declaró que se han incrementado los robos y asaltos y que “ahora sí hay que hacer algo” (a ver si es cierto).

Imposible aceptar el que se tome la ley por las propias manos y, sin embargo, la sociedad lo aplaude. Frente a la incompetencia oficial, la impunidad favorece la proliferación de bandoleros de todos estilos, que actúan a sus anchas, a sabiendas de que no habrá sanción.

De aquí que, más de uno se adhirió a la demencial propuesta del senador panista -Jorge Luis Preciado-, para que se puedan portar armas para la propia defensa, fuera de la casa. De aceptarse una estulticia semejante, acabaríamos todos a tiros y más de una bala iría a dar contra un inocente.

Lo dijo Osorio Chong: Los Estados incumplen su tarea para dar seguridad. A los desgobernadores, cobijados por cientos de guaruras, les pasa desapercibido el miedo de la gente. O toman responsabilidad sobre quienes demandan paz, o si ya vivimos en crisis no tardaremos en caer en la ley de la jungla. Por el bien social, esperemos ¡que se espabilen!

catalinanq@hotmail.com   Twitter: @catalinanq