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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

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  • PRI: ¿Se quiere lavar la cara?

Con la proximidad del año electorero, al PRI le urge lavarse la cara. Se ofrecen recompensas de 15 millones de pesos, a quien de datos sobre el paradero del ex de Veracruz, Javier Duarte, y del de Tamaulipas, Tomás Yarrington, (“A buenas horas mangas verdes”).

Del par de “presuntos” delincuentes -cualquiera opinaría que más que comprobados-, ni sus luces. Detuvieron a un piloto aviador, emparentado con la cónyuge de Duarte, en propiedad de dos pasaportes falsos, en los que aparece la foto del matrimonio de Marras. Al portador de los documentos se le liberó –por tratarse de un delito de baja sanción- y el Comisionado de Seguridad, Renato Sales, con su sonrisita, declaró que “ya pronto caería”.

Habrá que ver si pescan, a quien dejó a los veracruzanos en bancarrota. Día a día se manifiestan grupos de trabajadores, incluidos médicos y enfermeras, con la exigencia de que se les pague el sueldo, en vista de que ni siquiera hay para la nómina de quienes “ni vela tuvieron en el entierro”.

El sucesor de semejante bodrio –Miguel Ángel Yunes, que en cuanto a honradez tampoco canta mal las rancheras-, al estilo “zarzamora”, “llora que llora por los rincones” (y frente a los encargados de los dineros federales), exigiendo ayuda. Otro tanto hace Javier Corral, al frente de Chihuahua, a quien el otro Duarte, César, también le dejó las arcas vacías.

Los señalados panistas hicieron hasta lo imposible por conseguir el triunfo. Ya que lo tienen braman en la desolación del raquitismo financiero, a sabiendas de que existía. Iban a “sacar adelante a sus entidades”. Menos lloriqueos y más acción para lograr que, quienes desfalcaron a los Estados, devuelvan lo que se llevaron.

El segundo exgober, manjar de caza recompensas, ha librado las rejas, desde que fungió al frente del castigado Tamaulipas.

De horror lo vivido por los hermanos del fronterizo territorio, en manos de una serie de sátrapas, que permitieron que el narco actuara a sus anchas, siendo cómplices y socios. A Yarrington se le señaló repetidamente, a lo largo de su nefasta gestión, como al retrato perfecto del narcopolítico.

De él se decía y se sabía todo, en vista de su cinismo. Sus nexos con Osiel Cárdenas, con un cártel del Golfo poderoso, al grado que los gringos ya no sabían cómo bajarle los humos. Bajo su amparo crecieron los Zetas y él, extendida la mano, se la llenó de sacos de dinero, que depositaba del otro lado de la frontera.

Al terminar su gestión, tuvo el descaro de candidatearse para la Presidencia, e incluso llegó a ocupar alguna Secretaría. En Estados Unidos le decomisaron millones de dólares.

Durante el Calderonato, la entonces procuradora, Maricela Morales, intentó entambarlo, sin que prosperara el asunto. Después de este titipuchal de años, se emite la recompensa por su captura.

En el 2013 Murillo Karam lo exoneró, al igual que a otros dos de sus homólogos: el actual senador Manuel Cavazos y a Eugenio Hernández, fugitivo de la justicia estadunidense.

A Yarrington se le acusa de presunto involucramiento en el homicidio del candidato priísta a la gubernatura de la secuestrada entidad, el doctor Rodolfo Torre Cantú, en junio del 2010. A quien se daba como el ganador de la contienda electoral, lo acribillaron en una carretera, a escasos días de la votación.

¿Por qué tardaron tanto en intentar la aprehensión de este sátrapa? El PRI necesita lavarse la cara, y de paso, a un Gobierno federal en el sótano de la aceptación, si aspira a algún triunfo en los procesos del 2017.
catalinanq@hotmail.com

Twitter: @catalinanq