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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • “Su razón”

 

Nos enamoramos de él. Quienes, apenas adolescentes, vimos levantarse a un revolucionario imbatible, en contra de una trágica dictadura, lo convertimos en nuestro príncipe azul.

No sólo era guapo, sino que se atrevía, junto a un puñado de hombres, a combatir al tirano desde la Sierra, hasta lograr su caída. En compañía del “Che” Guevara, de Camilo Cienfuegos, de tantos otros ilustres luchadores, Fidel Castro logró abatir al protegido de los yanquis –Fulgencio Batista-, quien había transformado a la Isla en el burdel, el centro del juego y los espectáculos de coristas “poco vestidas”, para entretenimiento de nuestros vecinos del Norte.

Una Isla con una gran desigualdad, minoría de ricachones y mayoría de pobres, sumidos en el terror de las atrocidades del tirano.

El sadismo de Batista se develaba en las páginas de la revista Bohemia, donde se glosaban las detenciones arbitrarias, las torturas, las infamias contra cualquiera que criticara a un régimen podrido y devastador para la mayoría.

Puesto contra las cuerdas, salió el corrupto y llegó el líder dispuesto a mover hasta la última de las piedras. Empezó una etapa de esperanza, aunque el enorme viraje también provocó la división interna.

Se empezó con un programa de alfabetización, por el que se exigió que chicos y chicas de 14 años para arriba, cumplieran con la obligación de enseñar a leer y escribir a sus compatriotas, en los destinos a los que se les enviaría durante un par de meses. Progenitores de clase alta y media se asustaron con el proyecto y  empezaron a sacar a sus hijos de Cuba. Apenas era el comienzo de un gran éxodo.

Las familias pudientes optaron por marcharse a otro país, en el que no se corriera el peligro de vivir en lo que se consideraban las “garras del comunismo”. Mientras se iban, la metamorfosis avanzó, siempre con Fidel a la cabeza, que lo mismo cortaba caña que lanzaba eternos discursos.

Se cerraron las fronteras, se anuló la posibilidad de viajar al exterior y, desde las raíces, comenzó el cambio. Llegó la confrontación con Estados Unidos y, en plena guerra fría Cuba se acercó a la Unión Soviética, la que le extendió su protección.

Largas décadas pasaron hasta la llegada de Obama, a la Casa Blanca, primer intento de acercamiento entre ambos gobiernos, al que Donald Trump podría cortarle las alas. Décadas en las que crecieron generaciones con otra mentalidad, con educación, salud y alimentos, a pesar de las restricciones.

Notorias las violaciones a los Derechos Humanos, a los Derechos civiles, que mandó a los opositores a la cárcel o el exilio. La cacería de intelectuales fue grotesca. De cualquiera que se atreviera a hacer una crítica, una marcha, al instante reprimidas.

Sin contacto con el exterior, unos medios al servicio del Estado, adoctrinantes y aburridos hasta el bostezo; largas filas para acceder a básicos racionados, sin variedad y apenas suficientes para cubrir las necesidades familiares.

El bloqueo logró su cometido de castigar a los 11 millones bajo Fidel. Quizás el líder olvidó en su camino, uno de sus compromisos básicos.

En el documento “Nuestra Razón” (Manifiesto Programa del Movimiento 26 de Julio), cuando se plantean los puntos básicos de lo que será el futuro, en la sección de lo político señala: “Medidas que eviten la calamidad del Gobierno unipersonal”.

“Régimen de libertades públicas y de vigencia real de los derechos universales”.

Luces y sombras de uno de los grandes personajes del siglo XX, al que la historia pondrá en su exacta dimensión.

catalinanq@hotmail.com                 Twitter: @catalinanq