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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • ¡Albazo de la Asamblea de la CdMx!

La amenaza de gravar la plusvalía de los bienes raíces en la Ciudad de México armó tal rebumbio, que el jefe de Gobierno tuvo que dar marcha atrás. Mientras lo hacía, la Asamblea Local votó la Ley General de Vivienda y aprobó el Artículo 94, con una redacción similar a la vetada en el Constituyente.

¡Dioses: nos vieron la cara! Los tales asambleístas ensordecieron frente a la indignación de la sociedad. ¡Y se dicen representantes populares! O igual podría ser que alzaron la mano, sin enterarse de lo que aprobaban. Les basta con cobrar sus espectaculares cheques.

En su mentado 94 se lee: “El Gobierno de la CDMX deberá generar e implementar mecanismos para la captación de plusvalías generadas por la acción urbanística”. Más clara ni el agua.

Volvió el escándalo y el revés para el mandamás capitalino, quien le dijo al periodista Francisco Garfias que no lo permitiría. La confusión es monumental. ¿Qué no leyó la Constitución que se hizo por su encargo y en sus narices? Si de entrada hubiera pensado que lo que se planteó en el Artículo 21, apartado C, numeral 7, del proyecto, era absurdo, lo podía haber parado.

Se dejó correr hasta que, juristas, comunicadores y la opinión pública “pusieron el grito en el cielo”, se recolectaron firmas y se exigió se desechara. A “cualquiera con dos dedos de frente” le da la impresión de que Mancera lo incluyó PSP (Por Si Pega), en la creencia de que pasaría desapercibido para las mayorías.

Peor, cuando el día en que da marcha atrás, los legisladores locales la incluyen en la Ley de Vivienda. ¿Habrá conciencia de que los bandazos propician una seria desconfianza? Cualquier encuesta confirma la falta de credibilidad en la clase política y los números del jefe de Gobierno son negativos, como para echarse más volados.

A la confirmación de que nos viene “el golpazo” al patrimonio, a una utilidad a la que se tiene derecho, resurgieron las voces en contra. Los senadores del PAN y el PRD se opusieron con dureza y declararon que era confiscatorio y un atentado a la propiedad privada.

Los calificativos fueron desde el “grotesco”, hasta el verlo como propio de regímenes comunistas, o una doble tributación. De cualquier forma, inconstitucional. El artículo de Marras, en efecto, debió inspirarse en una norma dictada por el propio Marx, ahora tropicalizado.

En el tricolor retumbó lo dicho por su actual líder, Ochoa Reza, quien defendió la legitimidad del derecho a disfrutar del valor de un inmueble. ¿Sabrá que la presidenta de la Comisión de Vivienda de la Asamblea Local, Dunia Ludlow, milita en el organismo que encabeza?

La mentada leguleya salió al quite y, de micrófono en micrófono, trató de justificar lo injustificable. Con otro lunático, presidente de la Comisión de Gobierno, Leonel Luna, cantinflearon al respecto y dijeron que ellos no están para aplicar impuestos, sino que corresponde al ramo fiscal (Al que le abren la puerta).

Los más sensatos, que “nos dejaron con el ojo cuadrado”, fueron los representantes de Morena, fracción que votó en contra. “De tontos no tienen un pelo”. Saben que los más perjudicados serían los que menos tienen; quienes adquieren una propiedad en una zona deprimida, que son en las que recaen las obras de desarrollo urbanístico.

Hay enojo y rabia. Reitero la incertidumbre social ante el apoteósico dislate que podría ser la Constitución de la CdMx y el autoritarismo y la visión obtusa de algunos legisladores locales. Siguen sin entender que se deben a lo que mandata el pueblo.

catalinanq@hotmail.com

Tuiter: @catalinanq