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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • ¡Feliz Navidad!

Hasta la frase se intenta desterrar del planeta. Lo correcto se vuelve el ¡Felices fiestas!, en un afán por borrar el origen de la celebración y su sentido cristiano.

Vivimos los tiempos de la cultura “light” (superficial, ligera), en los que se mandan los valores tradicionales a la basura y se sustituyen por el consumismo y el hedonismo (identifica al bien con el placer) a rajatabla.

Se insiste en los grandes avances del “cambio”, mientras se cosifica a la persona y se le condena a un culto al cuerpo, por el que hay que estar como una “Barbie” o un Míster América, de formas perfectas y equis número de centímetros.

Se recurre a cualquier tipo de “hojalatería”, desde el “botox” hasta procedimientos quirúrgicos, con tal de tener la nariz perfecta y las pompas y los pechos en su lugar.

Lo trascendente, lo espiritual pasó de moda y se muta por el consumismo que, para las mayorías se identifica con la felicidad. Se sueña –cuando no se puede adquirir-, con el auto de lujo, la ropa al último grito, la decoración al estilo hollywoodense y se aspira a un tú por tú con los ricos y su forma de vida.

Se acabó la sobriedad, la época de la letra que entra con sangre y la comunicación de “bulto”, con el otro presente, para sustituirse por el uso de aparatos electrónicos, que fomentan el “expresarse” y decir cada segundo, las estupideces que circulan en las cada vez más escasas neuronas.

Se ignora al “feo, al pobre, al que no piensa como yo”, mientras se habla de “tolerancia” (término que se transforma en un “dizque te aguanto como eres”, aunque en realidad es falso).

Lo advirtió Juan Pablo II, en su encíclica del Norte Sur: Es la cultura del tener y no del ser; de lo desechable. Lo sostienen filósofos tan destacados como Gilles Lipovetsky y Zygmunt Bauman y, ni se les conoce ni se les escucha, salvo en círculos reducidos.

El primero, francés, el segundo polaco, en sus muchos ensayos insisten en lo que se convierte en el “signo de los tiempos”: la ligereza, la superficialidad.

Para Lipovetsky hay una deserción de los valores, una pérdida de la conciencia histórica y poca credibilidad en el futuro. Es la era del vacío en todos los campos de la existencia.

Este vacío, contrario a la esencia misma de lo humano, propicia el incremento de los suicidios, la infelicidad y el intento por llenar el hueco con esoterismos, creencias absurdas y antivalores que causan una profunda angustia existencial.

El mercado impuso su ley y la cultura se vuelve inseparable de lo comercial, a pesar de los problemas de repercusión global que se presentan, como el de la ecología, la inmigración, la crisis económica, el terrorismo.

O, como establece Bauman, se vuelve invisible al otro, o se le asimila para hacerlo idéntico, o se le separa y excluye. Cualquiera que no esté dispuesto a seguir las pautas actuales se transforma en un paria.

Escandalizala corrupción de la clase política, sin concientizarse de la propia y sin ver que son reflejo de esta nueva “ideología” (Si así puede llamársele), de este abandono de la ética y la moral, globalizado.

Hay un empeño en desaparecer el origen de fechas tan importantes, como la Navidad. Ahora se le llama “vacaciones invernales”. Se habla de “no discriminar” y se irrespeta a quienes practican una religión, como si fueran apestados.

Inmersos en lo “light”, aceptemos cuando menos, que esta es una noche símbolo de paz, de amor, de fraternidad y generosidad. Para los cristianos, una de las fechas más significativas de su calendario. A todos, de corazón, ¡Feliz Navidad!

catalinanq@hotmail.com

Twitter: @catalinanq