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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • Palabrerío

Otro pacto, otro acuerdo de nombre rimbombante. Un rollo más, que nos deja impávidos. El palabrerío no llena los bolsillos.

El lunes se firmó el “Acuerdo para el fortalecimiento de la economía familiar y el bienestar de los mexicanos”. Los peces gordos autóctonos se reunieron, para comprometerse, ¿a qué?, a nada. La demagogia en su más perfecta expresión, sin una estrategia factible, para salir del atolladero.

Se les fue en autoalabanzas y, a líderes sindicales, como Carlos Aceves del Olmo, en afirmar que ya habíamos pasado por esto y como que no tenía mayor importancia. ¿Qué habrá querido decir? Pues que estamos acostumbrados a los golpazos y el de la gasolina poco representa, en vista de la repetición de las crisis.

De medidas palpables y que pudieran representar algún alivio para la sociedad, ninguna. El Secretario de Hacienda habló de un “ejercicio austero y cuidadoso del gasto”, cuando se sabe que no se han reducido uno solo de los renglones del despilfarro.

Insistió en que habrá transparencia en las contrataciones y en que a los mandos medios y superiores se les reducirán los sueldos en un 10 por ciento. Dudo que a los afectados les quite el sueño. Encontrarán la forma de tapar el agujero y, astutos que son, en una de esas hasta triplican sus ingresos.

Se insistió en que el incremento del energético no tiene porqué provocar inflación. Según ellos es solo un rubro de los costos, que no afecta en gran medida. Como si fuéramos párvulos y el pagar cientos de pesos más, por llenar el tanque, repercutiera poco.

Si hacemos la cuenta de lo que representa, para empresarios, industriales y transportistas, entenderemos que pega fuerte y que, la consecuencia inmediata es quelo trasladarán a los consumidores.

Ni pierden ellos, ni el círculo privilegiado de funcionarios con sueldos más allá de lo que sería la cuarta parte de las aspiraciones, de un azteca común y corriente. El ramalazo dobla a la especie en extinción, la clase media, receptora de los platos rotos de sus incompetentes autoridades. De los pobres, ni qué decir.

Mencionó Meade que habrá incentivos fiscales y, a coro, los jerarcas del Gobierno federal, amenazaron con castigos inauditos para quienes suban precios en exceso.

Tendrían que empezar a sancionarse entre pares: El miniMancera, a través de la sumisa Asamblea Local, nos dio la entrada de año con incrementos en todas las tarifas de sus desastrosos servicios. Lo mismo se pagará más un acta de nacimiento (que siempre te entregan con errores garrafales, que tienes que subsanar con horas de filas y traslados a oficinas en casa del diablo), que las de matrimonio, licencias, derechos, verificaciones y demás cantaletas cotidianas. El predial, como es insana costumbre, por las nubes.

Y como la inflación sabemos que tiene un componente sicológico contagioso, ya subió la mesada el contador, la consulta médica, el de los tacos de canasta y hasta el chavito de los chicles.

El mismo discurso de décadas: nos van a proteger, se seguirán otorgando los programas sociales (por supuesto: es año electorero); la Procuraduría del Consumidor vigilará (como si alguna vez nos hubieran servido un litro completo o kilos de mil gramos y las milanesas del paquete fueran de la misma calidad, las de arriba, que las de abajo).

Con Acuerdos y demás circos mediáticos se arregla poco. La realidad es que estamos devaluados, inflacionarios y como diría Fidel Velázquez, “ni posibilidad de ajustarnos el cinturón, porque ya no tenemos”, recordó Aceves del Olmo.
catalinanq@hotmail.com

Twitter: @catalinanq