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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Catalina Noriega
  • ¿Vibra México o mexicanos unidos?

Como todos los que ya no nos “cocemos al primer hervor”, puedo decir que he vivido muchos sexenios. Quizás, salvo en las postrimerías de Salinas de Gortari, jamás percibí una hostilidad tan declarada hacia el Presidente de la República.

Hay quien opina “que se la ganó a pulso”; otros, ni siquiera dan razones, sino que sólo “les gana la ira y el resentimiento”. En ambos sectores sobran maldiciones y escasea serenidad para analizar la realidad. Lo mismo te lo afirma un taxista, que el ama de casa o el o la ejecutiva. Da igual si son jóvenes o viejos. El común generalizado externa un rechazo exorbitante.

Insisto: Ni Peña Nieto ha sido el peor ocupante de Los Pinos, ni la corrupción más endémica. La diferencia está en la velocidad con la que se difunden “informaciones y deformaciones”, además de los, sin duda, errores garrafales de la actual administración.

Han sido incapaces de comunicar, además del palpable divorcio de los gobernados. El Presidente en el Olimpo, jugueteando con el resto de los dioses y abajo los mortales, tronándose los dedos para sobrevivir. Una oposición, fortalecida por sus triunfos electorales y por las debilidades de los de turno, “pica la ensalada”, a sabiendas de que tampoco ellos son símbolo de honradez y liderazgo.

Con este maremágnum llega el chahuistle “Trumpiano”. Sin que la crisis económica pueda atribuírsele, a nuestros “genios” de la casta divina les resultó fácil el endosársela. La devaluación del peso, el gasolinazo, los últimos ganchos al hígado ciudadano, en boca de nuestros jilgueros son culpa del exterior.

Sobran pretextos, falta efectivo en las carteras de los aztecas y el resultado es que Peña Nieto cae en las estadísticas, a niveles de reprobado. Los peyorativos suben de tono y la credibilidad en la Institución se va por el caño.

El populismo se exacerba y sin mirarnos en el espejo gringo, hay quien se lo engulle de un bocado, a pesar de las diferencias y diversidades, que imperan en este suelo patrio.

Así aparece la convocatoria para la movilización del día de mañana. Más de 60 asociaciones y el Rector Graue de la UNAM, animan a marchar en contra del mandamás yanqui y a favor de la dignidad de los mexicanos.

Pero se trenza una lucha de egos y la moción empieza con el pie izquierdo. Por un lado, María Amparo Casar (lideresa anticorrupción) y María Elena Morera (Activista que perdió el piso por su cercanía con Genaro García Luna) y, por el otro, Isabel Miranda de Wallace (Alto al Secuestro y de quien se sabe que, para encausar a los secuestradores de su hijo, usó herramientas “poco ortodoxas y menos jurídicas y legales”).

Quienes se decían “unidas”, se agarran del chongo y surgen dos manifestaciones. Lo que pasó entre el trío de protagónicas damas –que se arrebatan el micrófono para echar “inspiradas peroratas”, Dios lo sabe. Hicieron su circo, la Casar salió en la tele con cara de “What” y al final entraron en razón y caminarán juntas, ¡pero no revueltas! Vibra México saldrá del Auditorio y Mexicanos Unidos la encontrará en el Ángel de la Independencia.

Ni en lo básico hay acuerdos. La estulticia podría dar al traste con una moción de por sí polémica: Hay quien considera que a Trump le valdrá bolillo y otros piensan que hay que marchar contra el gasolinazo y lo demás importa un gorro.

¿Debemos unirnos? Por supuesto. Sobre todo, enlazarnos en la diversidad y dejar en claro que somos solidarios contra la agresión externa… aunque bajo la mesa, las “argentinitas autóctonas”, se den de patadas.

catalinanq@hotmail.com

Twitter: @catalinanq