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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Y sigue la “histerieta” perredista
  • Catalina Noriega

¡Qué ganas de acabar con un partido!, pero, como dijo Dolores Padierna, no se vale golpearlo desde las propias filas mientras se vive –y a todo lujo- de él. Más vale tener pocos militantes que una caterva de traidores incrustados sin otro fin que minarlo desde el interior.

Cuesta pensar en que, una fuerza política que supuso la gran esperanza de la izquierda, se deshaga entre dimes y diretes de individuos, que solo buscan lucrar, llenarse las bolsas y aparentar ideologías con las que no tienen la mínima congruencia.

Se veía venir el zafarrancho, en vista de las obsesiones por llegarle a la grande de 2018. El miniMancera, con su cuento de que él no se afilia a ningún organismo político, les ha querido ver la cara a todos. Coloca a su incondicional, Alejandra Barrales, al frente del sol azteca y crea una corriente, “Vanguardia Progresista”, que encabeza su lacayo, Héctor Serrano. Su objetivo, presentarse como “independiente”, pero apoyado por esas siglas.

En la otra mano, quienes se consideran los propietarios del PRD, la archimentada tribu de los “Chuchos” y su emblema “Nueva Izquierda”, facción que cobija a algunos de los miembros destacados –incluso gobernadores- y que ordena y comanda las directrices.

Están también los aliancistas, bajo el título de los “Galileos”, entre quienes destaca Fernando Belaunzarán, tuitero de tiempo completo y quien fue de los primeros en condenar la actitud de Miguel Barbosa, quien hasta el momento de escribir estas líneas seguía al frente de la fracción senatorial.

¿Cómo le hizo para quedarse a pesar de que el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRD le suspendió sus derechos partidistas y lo eliminó como jefe del grupúsculo? Por su compinchazgo con el presidente del Senado, Pablo Escudero. Fue Pablito el que aderezó esta incomible ensalada, al negarse a acatar la decisión del sol azteca. La Padierna, a quien se le colocaba en lugar de Barbosa, insiste en que se está interviniendo en las decisiones internas de un instituto y violando la normatividad del Senado, en lo que no le falta razón.

Escudero (Del Verde, en todos sentidos) es el yerno de Manlio Fabio Beltrones, quien se dice llevó a Barbosa a esa posición por la incondicionalidad del poblano, a los mandatos de la bancada priísta. ¡Dioses, menuda mescolanza!

Mientras Barbosa denuncia su “caso” ante el Tribunal Electoral Federal, Pablito dice que se queda hasta que los magistrados decidan. ¿Y la Barrales? Titubeante y rebasada se sale por la tangente con una sarta de
sandeces.

El Partido de la Revolución Democrática se hace añicos y el zorreto de López Obrador ni asoma las narices. Se debe estar carcajeando, viendo el canibalismo insultante, para ellos y para una sociedad de la que salen los exorbitantes emolumentos que manejan.

Barbosa queda como un oportunista, chaquetero. Tiene el cinismo de hablar de los “enemigos” de López Obrador cuando éste fue el iniciador del gran éxodo perredista, sin otra meta que la de volver a encumbrarse con rumbo a la presidencia, mediante su “Morena”.

El entuerto agravia a una colectividad harta de los partidos, a los que repudia. Qué decir de esta clase politiquera, sin otro horizonte que el de hacerse del poder a costa de lo que sea. Y si López Obrador se dedica a recoger basura esquirol del resto de las fuerzas políticas, no tardaremos en ver a su patrimonial instituto, convertido en un saco de mugroso cascajo. ¿Será por eso que se hace el sordo a las lambisconerías de Barbosa?
catalinanq@hotmail.com

@catalinanq