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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • El botín veracruzano
  • Catalina Noriega

Como que todos le quieren meter mano. Llega un gobernador y sale con las manos sucias y las bolsas llenas. Toma protesta el sucesor y a la vuelta del sexenio, termina como el anterior. Parece que los veracruzanos han corrido con mala suerte.

El domingo el alboroto fue mayúsculo. Se corrió el rumor de que habían detenido a un exgobernador de la saqueada entidad. El ruido se hizo mayúsculo y alborotados, quienes escuchaban la noticia, gritaban un “al fin cayó Duarte”. Las caras se alargaron al oír el nombre del aprehendido: Flavino Ríos.

Quien fuera secretario de Gobierno, con el sátrapa fugitivo y luego interino –cuando el susodicho pidió licencia para “defenderse de las acusaciones”-, era quien había ido a dar al Penal de Pacho Viejo.

Un Cereso con historia, puesto que fue allí donde estuvo guardado otro exmandamás estatal, Dante Delgado Ranauro, después fundador de Movimiento Ciudadano.

Flavino recibió de entrada, a cargo de la juez Alma Sosa, un año de prisión preventiva, como medida cautelar. Se argumentó que para evitar la posibilidad de fuga –no fuera a equiparar a su otrora patrón-. Se le acusa de presuntos delitos de tráfico por influencias, abuso de autoridad y encubrimiento por favorecer la huida de Duarte.

Según él mismo declaró, una vez que el pillastre “se hizo ojo de hormiga”, le había facilitado un helicóptero para que pudiera trasladarse de la sede oficial a su domicilio. El personaje lo aprovechó para perderse en esas nubes, en las que parece que no ha habido forma de localizarlo, como tampoco por mar o por tierra a pesar de la cacareada “ficha roja” de Interpol.

El PRD había denunciado a Flavino ante la Procuraduría General de la República, por cargos similares. Según declaran, “la aprehensión puede ser clave para la captura de Duarte”. Que nos permitan carcajearnos: Ni el recién apresado va a soltar prenda, ni debe saber adónde voló el pájaro, ahora para él, de mal agüero.

A los jarochos les dio gusto saber que se aprehendió a alguien tan cercano al malhechor, del que no quieren ni escuchar el nombre. Aprecian el que se detenga a sus subalternos y se les sancione. La indignación no ceja y día con día, exigen justicia y que devuelva lo que se robó, azuzados por el de turno, que “no quita el dedo del renglón”.

Miguel Ángel Yunes aprovecha la ira popular y el desfalco de la entidad, para promocionar a sus vástagos y ver si en el 2018 se hacen del botín completo. De esto y más lo acusa López Obrador, quien se desgañita en contra del dizque panista, aunque el primero se lo revierte y señala que, el mesías tropical, a través de su partido Morena, recibía dos y medio millones mensuales, por parte de Duarte.

Durante la campaña por la gubernatura y aún ahora, el Peje jamás tuvo una expresión en contra del ex”gober”, a pesar de lo notorio y públicas de sus tropelías. Su candidato, un maestro de la Universidad Veracruzana, pasó de ser un perfecto desconocido, a un honroso tercer lugar, gracias a la enjundia de su mentor.

De entonces data la malquerencia entre Yunes y López Obrador, la que se revive con frecuencia. Se enzarzan en acusaciones mutuas, el primero ajeno a las urgencias de la población y el segundo en una campaña feroz, para llegar a Los Pinos.

Yunes tiene una negra trayectoria, lo que poco les garantiza a quienes lo eligieron. Sus antecesores, en competencia por el primer lugar de la corrupción. ¿Servirá encausar a Flavino Ríos, para enderezar la justicia jarocha? Mientras no se agarre al “pez gordo”, de poco servirá pescar charales.
catalinanq@hotmail.com

@catalinanq