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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Del reglazo a la anarquía
  • Catalina Noriega

La educación, en estos últimos años, dio una voltereta inconcebible. Del reglazo, de los viejos maestros, se pasó a la anarquía. No quisiera estar frente a un aula, ni por todo el oro del mundo.

Chamacos majaderos, que imitan al profesor en su cara; rebeldes sin causa imbuidos por la falta de límites, de respeto a cualquier autoridad, a los adultos. ¿Culpa de ellos? Por supuesto que no.

Provienen de hogares desestructurados, de padres incapaces de preguntar si  hicieron o no, la tarea. De un ambiente en el que se prohíbe llamarles la atención, así cometan la peor gamberrada. He oído a muchos chicos decirme que esperarían que les pusieran un castigo, o que les pegaran un berrido. Sería signo de que se interesan por ellos.

Aunque las circunstancias cambian, de región en región, enfrentarse a 30 vándalos, dispuestos a hacerle a uno la vida de cuadritos, resulta un reto para quienes intentan inculcarles conocimientos, o por lo menos, “desburrarlos”.

De que hay buenos maestros, los hay y sobran ejemplos de personas con una dedicación tan grande, que rebasan las expectativas. A ellos, se presume, el nuevo modelo educativo los beneficiará.

Me informé sobre él con unos cuantos especialistas y lo aplaudieron. Me decían que supone la ruta correcta para salir de la ancestral enseñanza, en la que la memoria ocupaba lugar predominante. Como dijo Aurelio Nuño, ahora se trataría de “aprender para aprender”. Lo peligroso son los tiempos.

A escasos seis meses de que termine el sexenio se pondrá en práctica. Echaría a andar el próximo curso, en plena efervescencia politiquera, por el proceso electoral para cambiar de residente de Los Pinos.

Ver resultados, de acuerdo a las proyecciones, tomará cuando menos cinco años. ¿Alguien es tan iluso como para creer que quienes aparezcan como lumbreras, no harán lo mismo que sus antecesores y lo mandarán al cuerno?

Basta que lleguen los “nuevos”, para que empiecen con la destrucción de lo hecho por sus predecesores, así sean ideas válidas y eficaces. Suficiente con revisar el número de cambios a los programas, que se han hecho en la Secretaría de Educación. En cualquier sexenio ha habido más de un titular y cada uno oferta su “modelo”.

Y si se presentara una alternancia de partido, qué decir. Se considerarían más brillantes, que los “Siete sabios de Grecia” y con la espada desenvainada para “exhibir los errores del pasado”, en función de ambiciones e intereses creados.

Otro aspecto que preocupa es el del presupuesto, así se diga que ya empieza a negociarse la millonada indispensable para ponerlo en marcha. De momento escasean los dineros, lo que obligó a los fuertes recortes del gasto público y, mientras persista la incertidumbre actual, el panorama pinta negro.

Para aceitar la maquinaria del profundo cambio, habría que entrenar a más de un millón de maestros. En primer término, las escuelas tendrían que tener una infraestructura pareja, que evitara las profundas desigualdades.

¿Podrá el INIFED (Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa) igualar los planteles de las comunidades en miseria extrema, con los de zonas urbanas y de mayor capacidad económica?

Hasta ahora ha sido imposible. Colegios sin servicios sanitarios, sin agua corriente, con techos de palma, escasa superficie construida. Sin internet ni posibilidades de tenerlo. ¿Lograrán remozarlos antes del próximo curso?

Buenas intenciones, aunque poco tiempo, dinero y “grilla enloquecida”, para hacerlas
realidad.
catalinanq@hotmail.com

@catalinanq