imagotipo

Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • Chihuahua en la mira
  • Catalina Noriega

Vuelve el horror. El homicidio de la periodista Miroslava Breach conmocionó a la opinión pública. La crueldad al asesinar a la reconocida comunicadora enfrente de su hijo, simboliza la violencia que vivimos. En Chihuahua creían haberla superado.

De tener el municipio más violento de la República –Ciudad Juárez- y ser un Estado en el que el crimen crecía incontrolable –entre 2008 y 2011, se consiguió abatir las estadísticas y devolverle a la sociedad una buena dosis de paz.

Al exgobernador priísta, César Duarte se le acusa de pillo, de llevarse lo que pudo; de “comprarse un banco”, pero se le puede agradecer el que el crimen organizado entrara por el aro y se acabara esa imagen que recorría el mundo entero, del Juárez de los feminicidios. Sin embargo, la etiqueta del narco persistió y son muchos los municipios y sus autoridades, coludidas con los capos.

Tampoco se ocupó de la Sierra Tarahumara y el drama de los rarámuris, entre la espada y la pared de los traficantes y sus socios oficiales. Ni siquiera escuchó las peticiones del jesuita Javier Ávila, quien acompaña a los indígenas desde hace décadas, en una lucha cotidiana por salir de la miseria y los agravios de que son objeto.

Lo sucedió, después de una campaña negra de denostaciones, el panista Javier Corral, quien se comprometió, en primer término, a poner a Duarte tras las rejas.

Corral fue siempre un blanquiazul “sui géneris”. Tuvo etapas en las que, incluso, se le acusó de tener más coincidencias con el perredismo que con el panismo. Ambicioso por excelencia, casi obligó a su partido a nominarlo plurinominal para diputado y senador, lo que propició el encono de muchos de sus colegas. Se caracterizaba por ser contestatario y jamás se midió para criticar a su cuna política, a algunos de sus dirigentes, a sus propios compañeros. Quería llegar a la grande de su terruño, en donde ya había tenido posiciones importantes, cuando Francisco Barrio fue gobernador.

A cinco meses de su asunción, da traspiés y resurge con fuerza el delito. Se disparan los homicidios y en cinco meses se contabilizan 768, más 315 violaciones y un mil 349 lesionados por ilícitos. Los mafiosos vuelven por su fuero y a ellos les atribuye Corral, el alza fulminante de las cifras rojas.

Atosigado, porque lo pescaron “golfeando” un fin de semana en Mazatlán, da entrevistas para intentar lavarse de culpas. Se le señala por viajar en un avión que le prestó un empresario, situación que le criticó acremente a su predecesor.

Declara, con todos sus dientes, que su Gobierno está “sin fuerza” para combatir el narco y que ya pidió ayuda a la federación. Pues ¿no que él las podía de todas, todas?

Calla sus malas relaciones con el Gobierno federal y el municipal de Ciudad Juárez y lanza hipótesis atribuyendo la vorágine a la proliferación de la venta de “Crystal” y otras drogas sintéticas.

En cuanto a la oleada criminal en Juárez, los expertos coinciden en que se bajó la guardia. Si se logró la pacificación del municipio fue gracias a los controles impuestos, como una zona de emergencia. Parece que ha habido negligencia en la vigilancia estricta de la estrategia, que dio buenos resultados.

Corral busca pretextos. Afirma que desconfía de las corporaciones policiacas, de personal de la fiscalía, cuando está en sus manos despedirlos. De entrada, tendrá que encontrar, a la brevedad, a los autores del homicidio de la periodista. Y si tanto prometió el cambio, confirmar con hechos que vayan más allá de su jarabe de pico, en campaña.
catalinanq@hotmail.com

@catalinanq