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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • ¡Se desmorona!
  • Catalina Noriega

El veracruzano Javier Duarte, fugitivo y con ficha de Interpol. El chihuahuense, César Duarte, fugitivo y con ficha de Interpol. Roberto Borge, Quintana Roo, bajo investigación de la Procuraduría General de la República. Egidio Torres, Tamaulipas, en la mira del actual gobernador. Padrés, San Luis Potosí, en la cárcel y bajo proceso. Roberto Medina, Nuevo León, bajo proceso, pero gozando de plena libertad.

Se multiplican arcas vacías, desviación de fondos públicos, pillerías de ejecutivos estatales. Sátrapas que hicieron que sus desgobernados determinaran votar por la alternancia partidista. Son tantos, que parece que la República se desmorona.

El último destape de podredumbre –la aprehensión del Fiscal de Nayarit en Estados Unidos-, dio el campanazo de alarma: los “políticos” están hechos de lodo.

Edgar Veytia, quien daba la impresión de “cumplidor”, recio y dedicado a salvaguardar la paz de los nayaritas, resultó un impresentable. Lo pepenaron y consignaron autoridades gringas -hasta doble nacionalidad tenía- por vil tráfico de drogas. El personaje se dedicaba al negociazo, en toda la extensión de la palabra. Ni protector ni solapaba a mafiosos: socio.

La escandalera fue monumental. Sin desperdicio la declaración del gobernador (Roberto Sandoval). Para él, el presunto narco de Marras, era un  tipo megacalificado, capaz de abatir los índices delictivos y de tener al estado en plena tranquilidad.

Al tal mandamás ni le cruzó el pensamiento de que su subordinado pudiera andar en malos pasos. Sabía que cada 15 días iba a Estados Unidos, a visitar a su familia, pero como había puesto orden en el terruño, ni quien le negara el permiso. Inocente o cómplice, Sandoval pasará a la historia como el jefe de un “capo” disfrazado de paloma, ducho para manejar cárteles, al grado que pacificó la entidad. Y los nayaritas tiemblan ante la posibilidad de que resurjan los conflictos.

El circo de tres pistas siguió con la encerrona del chihuahuense, Antonio Enrique Tarín García, en las instalaciones de la Cámara de Diputados. El mequetrefe exigía se le tomara protesta, como suplente que era de Carlos Hermosillo, recién fallecido en un accidente de automóvil. Su problemilla es que tenía una orden de aprehensión por peculado, referente a unos 300 milloncejos bajo investigación, cuando ocupó el cargo de director de adquisiciones, en el mandato de César Duarte.

Con paciencia de Job, Tarín se quedó a buen resguardo hasta que su abogado le llevó el Amparo que lo libró de las rejas. Declaró contundente, que todo era un “perseguimiento” (¡Ah cañangas!) en su contra. Una especie de cacería de brujas contra alquimistas expertos, que logran salirse con la suya.

Sucesos imposibles en una nación con imperio de la Ley y funcionarios éticos, aquí son parte de la vida diaria y desaparecen de las primeras planas, a la velocidad con la que surgen nuevas “picardías”.

Propician resentimiento social, una rabia silenciosa que exige venganza –ya no justicia- y un encono que habrá de cobrarse en las urnas. Lo grave es que, quienes llegaron recientemente, a sustituir a la caterva de bandidos, tampoco dan resultados.

A raíz de los cambios de Gobierno en Tamaulipas, Veracruz, Nuevo León y Chihuahua, repuntaron las cifras de homicidios, hasta en un cien por ciento. Se reprueba a los nuevos en materia de seguridad y quienes padecen empiezan a dudar de las bondades del cambio. ¿Será que “para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo”? Trágico si así fuese.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq