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Cuchillito de Palo

  • Catalina Noriega

  • A las mátalas callando…
  • Catalina Noriega

La Asamblea Legislativa de la Ciudad de México volvió a salir con una norma aberrante. Les dio su aval a los conocidos como “vivienderos”, al incluirlos en la Ley de Vivienda.

Se publicó el pasado 23 de marzo y, a las mátalas callando, les otorgó carácter jurídico a organizaciones que se han distinguido por violar la norma y constituirse en el brazo rijoso de partidos políticos.

Obtener un crédito de interés social es complicado y la necesidad, mucha. Un grueso sector de la población capitalina, aspira a hacerse de una propiedad, por pequeña que sea. Las rentas están inaccesibles y por un cuartucho se pagan hasta cinco mil pesos.

Los citadinos emigran al Estado de México, con la consecuente problemática de los traslados. Hay que invertir cuatro o más horas diarias de transporte, para llegar al trabajo y regresar, materialmente “hecho cisco”, sin ganas de algo más que de echarse un clavado a la cama. Con desesperación, se busca un techo que facilite la vida.

Si a la tragedia de la pérdida de horas en un camión, “pesera”, Metro de por medio, se añade el peligro de un asalto, el resultado es la neurosis galopante.

Hacerse de una vivienda, en esta Megalópolis, donde la especulación en los bienes raíces es criminal, es casi imposible. En colonias proletarias, en las que los precios son menores, conseguir el crédito y pagarlo es tarea de romanos.

De acuerdo a la Ley de Vivienda, cualquier solicitante debería ser beneficiado. Ni hay suficiente construcción, de habitaciones de interés social, ni se le otorgan a quien la pide. Para lograrla hay que afiliarse a una de las tantas organizaciones de “vivienderos”.

Las controlan dos partidos: Morena y el PRD. Cada uno maneja unas cuantas agrupaciones, características por sus fechorías. Del Frente Popular Francisco Villa, o la Asamblea de Barrios (Ahora bajo el cobijo de López Obrador), sobran expedientes. Los primeros, hace unos años, “tomaron” un predio propiedad de una fundación que cobija a niños de la calle. La directora, una religiosa, intentó dialogar con ellos para que se retiraran sin aspavientos, y ¡la golpearon! Así
funcionan.

Conforme a la nueva ley, podrán hacer todos los trámites, desde adquirir terrenos, construir y “repartir” los inmuebles, además de conseguir los créditos de interés social. A cambio, la persona firmará por escrito, el que se compromete a asistir a las marchas y manifestaciones que se le indiquen.

Lo mismo se convoca para cercar al Instituto de la Vivienda, que para apoyar a un político. Se le convierte en esclavo de las decisiones de la organización, las que tendrá que acatar sin chistar.

Para la presidenta de la Comisión de Vivienda –Dunia Ludlow-, el reconocimiento de estos grupos supone un paso adelante, porque se les fijan derechos y obligaciones. En la ley de marras no aparece una sola obligación.

Declaró que son organismos “solidarios y sin lucro”. Su ignorancia es supina. El procurador Samuel del Villar (Cuauhtémoc Cárdenas) tenía más de 300 denuncias, contra la Nueva Tenochtitlán, propiedad de René Bejarano y Dolores Padierna.

Surgió a raíz del terremoto del 85, cuando miles perdieron su casa. El objetivo era darles un techo. Se les pedía un enganche de cinco mil pesos y la mayoría se quedaron con un palmo de narices, sin que les devolvieran su “lana”.

Se legisla por intereses creados, por clientelismo partidista. Obligar a manifestarse contraviene toda norma y explica las carretadas de gente, que nunca saben por qué protestan o a quién apoyan.
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Tuiter: @catalinanq