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Cuchillito de Palo ¡Temblorina!

  • Catalina Noriega

Las elecciones del próximo domingo entraron a la recta final y la clase política está en plena temblorina, frente a la incertidumbre de los resultados.

De las cuatro entidades en juego, el Estado de México despierta un mayor interés, en vista de su tamaño, el alto porcentaje de votos, el inesperado ascenso de la candidata de Morena y por ser cuna del actual mandamás.

El triunfo en esta entidad se maneja como la antesala del 2018, pero, para los coahuilenses, los nayaritas y los veracruzanos, sus procesos dominicales son más importantes.

Coahuila ha sufrido el azote de los hermanos Moreira. Si bien “Humbertito” dejó peor sabor de boca, Rubén tampoco ha librado señalamientos serios por corrupción, doblemente inexplicables, tras las trapacerías de su consanguíneo. Las cuentas de los Moreira podrían pasar factura al PRI, hacedor de la pareja que se heredó el estado, como si fuera feudo de su propiedad.

Qué decir de Nayarit donde, el reciente destape –por supuesto a cargo de los yanquis-, de las presuntas fechorías de su procurador –Edgar Vietia-, a quien ya pusieron a buen recaudo, deja en la lona a un desgobernador, imposibilitado para entregar cuentas claras.

En Veracruz, donde la rifa es por presidencias municipales, el lastre “Duarte” aún  tiene secuelas. Quien dispuso de miles de millones de pesos del erario podrá estar encarcelado en Guatemala, que la sociedad todavía no siente que se haya hecho justicia. Exige castigo ejemplar, para él y sus cómplices, pero sobre todo que devuelvan lo robado. Se aprehendió a su exvocera, Gina Domínguez, la que corría con fama de vivir fuera de “su presupuesto”. A quienes la trataron, los dejaba con el ojo cuadrado por sus aires de grandeza y su vertiginoso bienestar económico.

El tricolor tiene una inmensa deuda con un México agraviado por la corrupción. Una epidemia, en particular entre gobernadores, que los atacó más que la viruela negra. Este brote pandémico hizo aflorar la ira de quienes, hasta ahora, se mostraban capaces de olvidar a corto plazo, las rapiñas de sus políticos.

Se perdonaba a presidentes municipales, a ejecutivos estatales, a quienes conformaban administraciones en las que, el lucro era el timonel y se dejaban siempre arcas vacías y adeudos exorbitantes. Llegó el despertar y con él la rabia acumulada de décadas, dispuesta a evitar que la podredumbre siga reinando.

El Estado de México tiene muchas connotaciones. La Izquierda logró filtrarse y echar raíces en el Oriente de la entidad. Domina municipios enormes como Nezahualcóyotl, Chalco y Los
Reyes.

Acción Nacional está enquistado en lo que se conoce como el “corredor azul” –Naucalpan, Tlalnepantla, Atizapán-, donde han tenido altibajos, justamente por problemas de esa corrupción, a la que tanto critican, pero que
comparten.

Tampoco el PRD y sus representantes, han sido blancas palomas, así se traten de lavar la cara.

Hay lugares, como Ecatepec –el municipio más grande de la República-, que se presume de izquierda, pero también se la rifa con el PRI. De allí salió el actual mandamás, Eruviel Ávila.

Una característica exclusiva del Edomex es el Grupo Atlacomulco (diría yo Atracomulco), de origen tricolor y reconocido a nivel nacional, por la cantidad de políticos, de alta jerarquía, que le aporta al partido. Ávila, rompió la tradición por su no pertenencia, aunque consiguió mantener las siglas en la entidad.

El domingo, el voto popular decidirá quiénes ganan. Lo importante es que lleguen por el voto libre de la sociedad.

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