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Cuchillito de palo | Terrorismo

  • Catalina Noriega

Es casi imposible de prevenir. Aparece donde menos se espera y cambia de tácticas con frecuencia, lo que lo hace más difícil de detectar. Según el diccionario de María Moliner es el “Uso de la violencia, particularmente comisión de atentados, como instrumento ‘político’. Dominio por el terror”.

Instrumento político que se ejerce por cuestiones ideológicas y en la actualidad por el soporte religioso. Grupos fanáticos islamitas, siembran el miedo en buena parte del mundo y sus tácticas provocan miles de muertes, tanto en el Oriente como en Europa y Estados Unidos (Torres Gemelas de Nueva York, maratón de Boston).

En los últimos tiempos, dirige sus ataques contra Francia, Alemania, Bélgica y la Gran Bretaña, sin olvidar el marzo español, que dejó centenas de muertos y heridos. Semanas atrás, enfocó sus baterías sobre Londres y París, con la consiguiente ola de pánico para sus habitantes.

Si hay naciones con cuerpos policíacos capacitados son Francia e Inglaterra. Ni su habilidad y preparación, consiguen poner un alto a quienes asestan el golpe dispuestos a morir, a la espera de un paraíso con las once mil vírgenes.

En razón de la lejanía con Oriente, poco nos enteramos de lo que viven. No pasa un día sin un atentado en lugares concurridos y lo mismo en Siria, que en Egipto, Irak, Afganistán, Paquistán, la India, Turquía y varios países africanos, el número de afectados es inconcebible.

En esos enclaves, aparte del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), proliferan otros grupos que igual asesinan, secuestran y cometen cualquier vileza, como es el caso de Boko Haram. Los seguidores de esta banda secuestran niñas de aldeas cercanas, a las que retienen en calidad de esclavas, sin posibilidad de liberarse del bestial cautiverio. Buscan establecer la Sharia (Ley Islámica) en Nigeria. Profesan, a la par que el Estado Islámico, un fundamentalismo, que se presume como el regreso a los auténticos preceptos del Islam. Falso de toda falsedad. Los fundamentalismos son posturas radicales que interpretan creencias e ideologías, desde una visión subjetiva y extremista.

En Siria se libra una auténtica guerra civil. Su presidente Bashar al Asad, funge con carácter de dictador y heredero de su padre Hafez –uno de los dirigentes árabes más duros-, continuó con el conflicto religioso, que dividió a sus habitantes. La injerencia gringa, que trató de tirarlo del cargo, entregó armas a un grupo rebelde, el que se apoderó de parte del territorio, convirtiéndose en el monstruoso Estado Islámico.

Miles huyen y buscan refugio en Europa. La Europa, que ya había abierto sus puertas a la migración de Oriente, convive ahora con el enemigo en casa.

El respeto a los derechos humanos abrazó las sucesivas oleadas de exiliados por hambre, inseguridad o persecución. Se les acogió, dio la nacionalidad y facilitó el que conservaran sus costumbres. A pesar de ello, un sector de jóvenes, nacidos ya en el viejo continente, comparten la visión del Estado Islámico y se suman a sus filas.

Empieza el odio entre sectores radicales, contrarios a la presencia islámica en su territorio y el reciente atentado a una mezquita en Londres lo confirma.

La Yihad (Guerra de conquista hacia quienes no practican el Islam), busca la confrontación de las dos culturas. La respuesta violenta los beneficia. Su objetivo es que el mundo se convierta a las enseñanzas de Mahoma; a través del choque piensan que podrán imponerse.

El terrorismo avanza como jinete apocalíptico del siglo XXI.

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