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Cuidemonos

  • Hazael Ruíz Ortega

  • Hazael Ruiz Ortega
  • Verano de placer y de riesgos

Ya lo decíamos en otro momento: la vida está llena de ciclos. Inició uno de ellos, los tiempos del verano: una estación cálida, la de días más largos y noches más cortas, para muchos un periodo vacacional. Hay un cambio en la rutina cotidiana, parcial relajación social y esparcimiento, quizá la estación que las personas la viven y recuerdan con mayor intensidad.

Desde la mirada económica, es estimada una derrama en este 2016, en más de 348 mil millones de pesos, un 3.3 por ciento superior al verano anterior, según la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco-Servytur). Por cierto, en los indicadores de las agencias de viajes destaca la Ciudad de México como un destino turístico preferido.

Más allá de estas u otras experiencias benéficas de todo verano, también se percibe, como una excelente oportunidad de potenciar diferentes competencias personales del -saber, saber hacer y saber ser- y acotar posibles adversidades. De pronto todo verano nos puede parecer atemporal, sin embargo, puede marcar profundamente la historia personal y familiar, y por ello la importancia de ser protagonistas de esta etapa del año para que sea plenamente benéfico.

¿Qué hacer con el tiempo libre? Expertos recomiendan combinar el tiempo libre con actividades y descanso, refieren que es único para profundizar, revitalizar la relación familiar; que niñas, niños y jóvenes incrementen su red social y vivan nuevos espacios y obtengan competencias. Examinando, los campamentos de verano y el ejercicio físico son una buena opción.

Es reconocido por todos la necesidad de tener presente los diversos requerimientos para implementar las respectivas acciones preventivas al salir de vacaciones y de los posibles fenómenos naturales durante esta temporada. Es importantísimo reflexionar y revisar las posibles adversidades y consecuencias negativas del verano.

En este contexto, hacemos desde aquí un oportuno reconocimiento a los servidores públicos y diversas instituciones del orden federal, estatal y municipal que participan en el tema prioritario de la protección civil.

Otro aspecto que, por desdicha, se destaca en esta etapa de asueto es que se acompaña de una acentuada deserción escolar, principalmente en los jóvenes, al no continuar sus estudios por diversos motivos ya conocidos. En este sentido, también se reconoce, que los comportamientos antisociales tienen alta correlación con los jóvenes que no estudian ni trabajan.

Algunas cifras del INEGI en asistencia y deserción de 15 a 24 años: “en el año 2000, el 33 por ciento de los jóvenes de entre 15 y 24 años asistía a la escuela, en 2015 el 44 por ciento de personas en estas edades acude a algún centro educativo. La diferencia por sexo es de poco más de un punto porcentual con el 45 por ciento de hombres y el 44 por ciento de mujeres”.

Un dato interesante: en la Ciudad de México “se encuentra el mayor porcentaje de población de 18 a 24 años que asiste a la escuela con 66 de cada 100 personas” (Delegación Benito Juárez), situación que ejemplifica un perfil clásico del grupo poblacional, en otras Delegaciones también avanzan.

Así, es grato que los jóvenes que cambian de ruta con consecuencia negativa disminuyen por la educación, el deporte, el arte y cultura, el incremento del empleo, etc. Sin duda, los programas de desarrollo económico, rural y social inciden favorablemente.

Concluyendo, vemos un verano que avanza en los derechos, fomenta mejoramiento integral con calidad de vida y puntos no deseados focalizados. Un desafío ¿cómo acotar la deserción escolar materializada en los veranos?
hazael.ruiz@hotmail.com