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Cuidemos a los niños de la violencia 

  • Hazael Ruíz Ortega

En el andar del hombre destaca sobremanera la construcción y la búsqueda de un horizonte luminoso diseñado con las herramientas adecuadas que le beneficien el día a día. Se puede afirmar que un 98 por ciento de la sociedad humana transita en ese sentido, sobre un camino de doble vía que abona a un presente-futuro deseado y esperado. Y lo más importante, sin producir daños colaterales o dañando a terceros, obteniendo así, en el “boomerang” de la vida, un resultado positivo: “se cosecha lo que se siembra”.

Sin embargo, el 2 por ciento restante, por diversas circunstancias, trabaja en la sinrazón, la injusticia. Hace siete años en este espacio preguntamos de la violencia: ¿Cuáles son las raíces de la violencia humana en todos sus aspectos? ¿El delincuente nace o es moldeado por el entorno social? ¿Los hombres son más violentos que las mujeres? ¿Ante la violencia quiénes son lo más vulnerables?… Son muchos los cuestionamientos.

No cabe duda, el practicar la Ley del Talión: “ojo por ojo, diente por diente” la humanidad corre el riesgo de quedar ciega y sin dientes. Por la certidumbre que los derechos humanos deben respetarse. Las instituciones así lo reconocen y las personas lo vamos comprendiendo y acatando, sobre todo en esos instantes extremos de confusión y a veces temor.

En esa ocasión al razonar de las raíces de la violencia, observamos que pudiera corresponder a un medio de obtención y control aplicado a una persona, a un grupo, a una comunidad, a una nación, a los ecosistemas… propios de una esfera del comportamiento humano y por ello, las acciones corresponsables del Estado y la sociedad para aminorar los detonantes de la violencia.

De la interrogante: ¿Quiénes son los más vulnerables ante la violencia?  La prevalencia señala a los menores de edad. Entorno que se reafirma.

Los diagnósticos señalan que la situación mundial de las niñas y los niños representan indudables áreas de oportunidades. Algunos ejemplos intensos de las obscuridades que pueden vivir y que no son controlables por ellos por sus perfiles: los efectos colaterales de las guerras transmitidas en medios con imborrables imágenes, los procesos propios a la migración familiar cuando se separa a los hijos de sus padres o viajan solos, el trabajo infantil con su consecuencia negativa de la deserción escolar entre otros, la detestable explotación sexual, la violencia física y psicológica intrafamiliar, el comercio de órganos para trasplantes, el abuso sexual a menores, etcétera. Imaginemos una exposición de dibujos realizadas por esas pequeñas víctimas ¿Qué proyectarían?

Todas impactan en la historia de vida del menor, a su propia familia y a la sociedad en alto grado. Volvemos a preguntarnos ¿Debemos guardar silencio siendo indiferentes e insensibles ante las diferentes modalidades de la violencia a las niñas y los niños? Continúa siendo evidente que las acciones afirmativas siempre acotan comportamientos adversos y propician el sano desarrollo de la niñez y en eso trabajan las instituciones, los servidores públicos, las organizaciones sociales y por supuesto las familias.

En resumen, juntos abonemos para que los factores de riesgos disminuyan. Que la niñez jamás dude de sí misma y de su futuro, que construya su confianza, su capacidad de amar y asumir los compromisos de formar su familia y vivirla sin violencia.

El boomerang tiene sus efectos positivo-negativo, vigoricemos el efecto positivo que -va y regresa- en toda historia de vida a la propia sociedad.
hazael.ruiz@hotmail.com