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Culto irrefrenable de la violencia / Betty Zanolli Fabila

  • Betty Zanolli

¿Por qué el mundo huye cada vez con mayor ahínco de la paz? ¿Por qué nos esforzamos día con día en incrementar los índices de la violencia en todas sus manifestaciones y desde todos los espacios y niveles, lo mismo en el seno de los aparatos estatales que en los núcleos familiares -particularmente a través de los distintos medios de comunicación-, y luego nos sorprendemos de lo que estamos viviendo? ¿Por qué hemos hecho del odio, el egoísmo y el rencor nuestro credo y hemos borrado de nuestras vidas al amor y al perdón y con ello todo lo que estos conceptos y valores conllevan?

No cabe duda que los niveles de psicopatía, sadismo, narcisismo, paranoia, en suma, de criminalidad y de todo tipo de conductas antisociales, se han disparado a nivel mundial y particularmente en los países en desarrollo. Y esto es en verdad preocupante porque será una labor titánica poder revertirlos en algún momento, máxime si un clima de terror está siendo fomentado de manera generalizada por todo el orbe.

Sí, todos sabemos y estamos conscientes de que no solo México sino el mundo entero atraviesa por momentos de suma algidez, solo próximos a los que se vivieron en los años previos a la Segunda Guerra Mundial, lo que ha llevado a distintos personajes, comprendido el papa Francisco, a declarar que estamos viviendo ya la tercera guerra mundial. Y es probable que sea así, sobre todo para Occidente que está siendo enfrentado a nuevas formas y mecanismos de ataque a través de una guerra sorda, intestina, que emerge desde las entrañas mismas de las potencias que otrora sometieron y colonizaron a la mayor parte de los territorios ocupados del mundo, y que hoy están comenzando a padecer sus excesos pasados y presentes. Una enconada guerra política y económica que se ve animada por una enorme, pertinaz y milenaria carga de contradicciones sociales e ideológicas, que lo mismo involucra a terroristas que a comandos de sicarios, a bandas de criminales que a sectas ocultas, enfrentándose contra las fuerzas de seguridad de los distintos países teniendo como escenario de fondo y principal víctima de sus enfrentamientos a la población civil. Pero ¿qué subyace en el fondo? Tal y como lo han expuesto distintos especialistas del área: múltiples intereses en pugna entre las potencias de ambos hemisferios, que van desde alcanzar mayores controles de poder hegemónico y dominio geopolítico a nivel regional, nacional e internacional, hasta los de obtener el acceso directo y exclusividad sobre fuentes ricas en recursos estratégicos, aún si para consumar su despojo ha de implementarse todo tipo de acción militar o terrorística. Pero si esto ocurre en el macromundo, en el micromundo no estamos exentos de padecer los mismos excesos.

La preocupación es creciente en el sentir generalizado de la sociedad mexicana en torno al vacío de autoridad que existe en nuestro país. Temor que ha desembocado en reacciones que van desde la conformación de grupos policiacos comunitarios, hasta la gestación de turbas que surgen en el seno mismo de las comunidades para castigar a todo aquel que sea capturado en la comisión flagrante de un delito, aún si ello conlleva su linchamiento. Situación que es comprensible ante la gravedad de lo que se vive y enfrenta la nación en todos sus confines, pero que también nos lleva a reflexionar sobre lo delicado de la aprobación de la Comisión de Régimen, Reglamentos y Prácticas Parlamentarias a la minuta del Senado que reforma el Artículo 12 de la Ley Orgánica del Congreso General, con el objetivo de prohibir estrictamente el acceso de cualquier persona armada a los salones de sesiones de ambas Cámaras del Congreso, salvo que medie causa grave que lo amerite, se trate de fuerza pública y lo haya ordenado el presidente del Congreso, de la Cámara respectiva o de la Comisión Permanente.

Y es delicado, no solo por lo contradictorio de que denostemos a Estados Unidos y su régimen de portación de armas y ahora el propio Poder Legislativo federal posibilita su apertura justo en su seno. Lo es ante todo porque ¿acaso se cree que esto garantizará mayor seguridad? ¿Por qué justo ahora? ¿Qué hay de fondo? Se podrá decir que por el fantasma del terrorismo, pero será interesante, o más bien preocupante, poder conocer la verdadera razón de esta decisión.
@BettyZanolli

bettyzanolli@gmail.com