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Cultura a la mexicana

  • Napoleón Fillat

Siempre sí es lo mismo, los tres mosqueteros… que veinte años después

mucho más tiempo, podríamos decir, retorciendo el sentido histórico del dicho popular, cuando nos referimos a la situación que priva en las cárceles mexicanas y con motivo de la aprobación por parte del Senado de la República del dictamen de la que será la Ley Nacional de Ejecución Penal; cuyo objetivo, manifestado por sus autores, es que las cárceles dejen de ser escuelas del crimen y en su lugar garanticen educación, salud, auto-empleo y alimentación para los reos, a través de regularlas a todos los niveles en el país, asegurando el respeto a los derechos humanos de los reos, así como poner fin a la corrupción y la violencia dentro de los penales; pero que hoy por hoy, para quienes tenemos edad de recordarlo, no deja de ser curioso que por los años 70 hayamos escuchado y leído un discurso similar (casi idéntico) que dio por resultado la construcción -en gran parte del país-, de los que entonces serían modernos reclusorios; en Campeche, Colima, La Paz, León, Querétaro, Saltillo, Sonora y Villahermosa; así como los reclusorios preventivos en la Ciudad de México.

Todo ello, escuchamos en aquel tiempo por primera vez, para solucionar urgentemente el problema del entonces ya insoportable hacinamiento en las cárceles, la corrupción institucionalizada y la permanente violación a los derechos humanos de los “huéspedes” y sus familiares, remedio que desde luego fue sustentado en los estudios especializados de personajes de la talla del Dr. Alfonso Quiroz Cuarón, siempre en búsqueda de la readaptación o reinserción social del procesado o condenado por la comisión de un delito.

En ese sentido, los reclusorios estrenados en la capital de la República a partir de 1976 sirvieron para desalojar al “Palacio Negro de Lecumberri”, célebre por contener todos los “males” que había que combatir en el nuevo sistema carcelario. Sin embargo, no parece haber duda en que las causas para abandonar, al inicio del siglo XX, la cárcel de “Belén” en favor de “Lecumberri” fueron las mismas, esto es, una reforma a las condiciones de vida de los reclusos y su “readaptación social”.

A 40 años de distancia de inaugurados los actuales reclusorios, parece que el problema sigue siendo el mismo, pero agravado, la población carcelaria ha crecido de manera “espantosa” y las condiciones de existencia de los presos en realidad no han mejorado, están muy lejos de lo que esperaban los diseñadores del sistema, al grado que estamos en el umbral de una nueva reforma al estilo de vigilar y castigar que padecemos todos.

Como si se unieran a esta intención de “cambio”, encontramos diversas voces autorizadas, entre las que destaca la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH para los cuates) que en forma reciente ha hecho cinco importantes pronunciamientos; “La sobrepoblación en los centros penitenciarios de la República mexicana”, “La racionalización de la pena de prisión”, “Supervisión penitenciaria”, “Clasificación penitenciaria” y “Derecho a la salud de las personas internas en centros penitenciarios de la República mexicana”.

En lo personal, veo con beneplácito el que de nuevo esté sobre la “mesa”, el lacerante tema del sistema penitenciario, problema que sin duda tiene un carácter global que alcanza a todos los países, e inicia con el dilema moral sobre cuál debe ser nuestra actitud respecto de quienes injustamente han lastimado a la sociedad y a nuestras familias, y a partir de ello, asumir compromisos en consecuencia, claro, siempre respetando los derechos humanos del individuo.

Espero que en esta ocasión estemos ante una solución integral que no se torne obsoleta a la vuelta de los años o que nazca ineficaz, como las dos anteriores que mencioné, es decir, que ahora sí:

“La tercera… sea la vencida”

napoleonef@hotmail.com