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Cultura a la mexicana

  • Napoleón Fillat

“Contra la muerte no hay ley, mata al Papa…mata al rey”

Por lo que no puedo decir que la muerte de Fidel Castro tomó por sorpresa al mundo entero, pues a esa edad, es acertada cualquier predicción que pudimos haber hecho sobre el fúnebre acontecimiento que como era de esperar, ocupa, incluso hoy, una semana después, la mayor parte de los espacios periodísticos y de análisis político, incluidas las llamadas redes sociales, pasando a un segundo término los demás temas nacionales e internacionales, en nuestro caso, los medios casi se olvidaron de Guillermo Padrés, Javier Duarte, Roberto Borge y de Tomás Yarrington.

También, como era de esperarse, las reacciones que desencadenó la noticia, son marcadamente extremas, pues van desde la tristeza más profunda, de quienes lloran inconsolables la irreparable pérdida del que consideran el más grande paladín de la lucha anti-imperialista, hasta quienes con un júbilo desbordado celebran la desaparición física del “tirano” más longevo de los tiempos modernos. Lo cierto es que la personalidad polémica del “Comandante Fidel”, por más de cincuenta años ha dividido nuestras opiniones en torno a su muy personal y peculiar estilo de gobernar la inigualable “Perla del Caribe”.

Hay quienes argumentan por encima de todo, sus grandes logros en salud y educación, pero también, quienes siempre le han reclamado la falta de libertades para su pueblo, así como su antidemocrática y excesiva permanencia en el poder político, que a muchos hizo dudar de su legitimidad e incluso, de la validez del socialismo como sistema de organización económico-social.

También es cierto que se convirtió en una molesta piedra en el zapato de los grandes intereses norteamericanos, que sometieron a la isla a un brutal bloqueo, que en mucho tiene que ver con las condiciones de vida de sus habitantes, al reducir su actividad productiva a niveles de supervivencia. Situación que se agravó marcadamente con la caída de la llamada “Cortina de Hierro”, donde estaban ubicados los Gobiernos que apoyaban al único país socialista en las Américas.

Admirado sin límites por muchos y odiado, también sin límites, por otros muchos, Fidel fue sin duda, protagonista esencial en nuestra historia contemporánea, sobreviviendo incluso, a la llamada “guerra fría” entre las potencias del pasado siglo XX, contienda en la que casi siempre pareció el más débil y sacrificable a los intereses de éstas.

Indudablemente fue un generador de sueños en la construcción de un mundo mejor para todos los hombres, basado en la igualdad de bienes y derechos, pero también de pesadillas derivadas de la intolerancia y la privación de libertades fundamentales para quienes pensaban diferente, ambos justificados o no, marcaron la vida de generaciones enteras y hoy, más que nunca, su actuación está siendo sometida al examen minucioso de sus detractores y seguidores.

En ese sentido, las agrias discusiones continuarán y me temo que cada quién escribirá su propia historia, teniéndola como verdadera, para consumo personal y el de sus descendientes, pues aquello de que la Historia lo pondrá en su justo lugar, cuando menos en este caso, es solo una frase de uso común que no tiene aplicación, ya que según la lupa con que se vean los hechos, les corresponde una interpretación distinta, es decir, para unos, el “Comandante”, en este momento ya debe estar planeando con el “Che”, una rebelión en el cielo, contra el orden establecido, en cambio para otros, ya debe estar purgando su condena eterna en el infierno, desde luego también en compañía de su compañero de andanzas. En lo que no existe la mínima duda, es que este fin de año, Fidel Castro Ruz:

“No cargará…los peregrinos”
napoleonef@hotmail.com