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Cultura a la Mexicana / Napoleón Fillat

  • Napoleón Fillat

“Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces…estás peor que antes”

(Confucio)

Con lo que quiero decir, sin duda alguna, que la flamante Ciudad de México, hoy por hoy, en lo que respecta a la calidad del aire que respiramos, está peor que hace 30 años, en el mismo espacio (el viejo Distrito Federal), tiempo en que según las autoridades metropolitanas de entonces se tomaron las primeras medidas “serias” para combatir la contaminación atmosférica consistente, a decir de los enterados, en: “la modificación de la composición natural del aire por la presencia de sustancias o compuestos en concentraciones que derivan en un impacto nocivo para el medio ambiente y por tanto para la salud humana”.

Y como si se tratara de un fenómeno natural que periódicamente se hace presente en nuestra vida colectiva, los defeños (¡perdón, todavía no determinan el nuevo gentilicio!), desde hace décadas, estamos acostumbrados a lidiar todos los días con los efectos de la contaminación, así como con los inentendibles términos que le son más comunes: IMECA (Índice Metropolitano de la Calidad del Aire), polución, ozono O3, dióxido de azufre SO2, dióxido de nitrógeno NO2, monóxido de carbono CO, el programa “Hoy no circula”, verificación, contingencia, pre-contingencia, etc.

Si bien es cierto que algunos contaminantes son producidos por fuentes naturales como las emisiones de los volcanes, la erosión de los suelos, los incendios forestales o la pudrición de materia orgánica. La verdad es que no todo el mérito del cochinero en que vivimos es de la naturaleza, ya que día a día, a pasos agigantados, los humanos que residimos en la capital de la República nos esforzamos con un éxito rotundo, al participar significativamente en la contaminación atmosférica, es decir, en una especie de suicidio. Capacidad que hemos adquirido con el progreso aceleradamente desordenado que nos caracteriza y los malos hábitos que conllevan, tales como la generación de basura y emisión de partículas contaminantes liberadas al aire.

Sin embargo, como si se tratara de un tema nuevo y no recurrente en la “región más transparente… del aire”, de vez en vez, las autoridades en la materia nos recetan nuevas y costosas medidas para combatir la contaminación, desde luego, olvidando informar a los ciudadanos, sobre los resultados que arrojaron las medidas anteriores, prueba de ello es que el Sistema de Monitoreo Atmosférico reportó que de los primeros 62 días de 2016, solo siete fueron considerados como limpios, esto es, sanamente respirables.

Circunstancia que, como desde un inicio, supedita invariablemente la solución del problema a la acción –esa sí eficaz- de la “madre naturaleza”, esperando la materialización de sus bendiciones en vientos y lluvias que limpien el ambiente que ensuciamos todos los días. Sin embargo, cuando sucede –la regeneración del aire respirable, y pasa la contingencia- oficialmente y de manera conveniente, se atribuye a la instrumentación de las políticas públicas previamente formuladas por la autoridad, conforme al “método científico”, hecho que resultaría inexplicable si consideramos la variedad y cantidad de trucos que en complicidad con los servidores públicos responsables se practican para evadir el cumplimiento de la normatividad.

La contaminación atmosférica es un problema global, que involucra a todo el género humano, pues la interdependencia que existe, sobre el fenómeno, en todos los rincones del planeta ya es indiscutible, de allí el tamaño de la responsabilidad que tiene la Ciudad de México, al ser uno de los grandes focos contaminantes del aire, como si del centro histórico salieran en estampida incontrolable los cuatro jinetes del apocalipsis con destino al resto del mundo (made in México).

Desafortunadamente, el conocimiento a detalle del problema y de su solución científicamente posible, no ha servido de mucho, pues hoy más que nunca, la Ciudad de México sigue consolidando su deshonroso lugar en el mundo como gran contaminador del aire, pues cualquier medida que se propone, tiene que enfrentar a intereses económicos combinados con los muchos actos de corrupción de las autoridades competentes en todos sus niveles. Circunstancia que a la fecha ha triunfado sobre la salud pública, la calidad de vida e incluso, sobre nuestra supervivencia, ¡así de necios e ignorantes nos comportamos!, claro, siempre de la mano de quienes podrían hacer más, mucho más por cambiar la tendencia viciosa que criticamos, es decir los gobernantes de esta entidad federativa que no es ni Estado Libre y Soberano ni Distrito Federal. No obstante, antes de que sea más tarde, debemos aplicarnos como ciudadanía consciente y exigir la urgente implementación de medidas idóneas seguidas de resultados razonables.

“¿A qué le tiras cuando sueñas… mexicano?”.

(Chava Flores)

napoleonef@hotmail.com