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Cultura, una nueva visión | Snob | Oscar Valdemar

  • Snob: Oscar Valdemar

Recientemente he conversado con muy buenos amigos involucrados directamente en el quehacer cultural y de la comunicación, otros apasionados simplemente por la admiración del arte y la cultura de manera general en nuestro país. Algunos de ellos, tan apasionados que hasta trabajan en las dependencias de cultura federales y otros tantos en las locales. Café tras café en estas soleadas y frías tardes en la ahora oficialmente nombrada Ciudad de México, sentados en la pizzería de mi buen amigo Manolo González, quien ha sido productor de varios programas de televisión a nivel nacional y recientemente subdirector de un sistema de televisión, donde tengo a bien colaborar, es que vertimos nuestras ideas acerca de lo que está ocurriendo con la cultura en nuestro país y sobre todo, sobre los espacios mediáticos dedicados a la transmisión de ésta.

Definitivamente en nuestro país, la cultura es algo que debe tomarse muy en serio, quizá pasa en alguna ocasiones por desapercibida, debido al gran crisol que ocurre diariamente y desde hace más de dos milenios en esta zona geográfica. Para comenzar, y ponernos en frecuencia, es importante definir a lo que verdaderamente se refiere el término “cultura”, si hacemos una búsqueda en diccionarios, una de las definiciones que nos saldrá es sin duda la de que la cultura es el conjunto de conocimientos, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver sus necesidades de todo tipo. En otras palabras: todo quehacer humano. Pero bueno, si nos quedamos en ese marco, sería muy ambiguo llegar a un punto de cohesión. Si nos ubicamos en el concepto más común, es decir, aquel que si hiciéramos una encuesta en este momento por las calles de nuestra ciudad o país, sería el primero y más recurrente en las personas, es decir, que la cultura es conocimiento predominantemente sobre las artes o historia. Generalmente decimos que una persona culta, es aquella que sabe más allá de quién es Da Vinci o Boticelli. Otra característica, si es que quisiéramos dibujar, o como decimos en marketing “definir a nuestro público meta” a una persona culta dentro del imaginario colectivo, también sería recurrente el factor de la edad, es decir, una persona culta generalmente es una persona mayor. Ya cuando colocamos la palabra “mayor” segmentamos y “cepillamos” a un gran número de individuos que están inmersos y son actores principales del universo cultural y ese fue justo el nodo al que llegamos, que existen, si en plural, muchas nuevas generaciones que cada día son más cultas. Por supuesto, que no es un común denominador, pero si en lo que llamamos “nichos”. La cultura, permea en el estilo de vida de los sujetos y éstos se amalgaman para reflejarse a sí mismo en gustos, de ahí surgen las llamadas “tribus urbanas”. ¿No me diga que no ha visto usted rondar por la ciudad a los Emos, Dark, Hippies?

las tribus urbanas también se consideran cultura.

Las tribus urbanas también se consideran cultura.

 

Esas tribus urbanas son la expresión tácita de que la cultura ha evolucionado. Lo digo con conocimiento de causa, ya que he tenido la fortuna y como comunicador de platicar con representantes de dichas tribus de manera muy informal y hasta de estudiarlos un poco. Tienen muy bien delineado a su personaje, con elementos que van desde la indumentaria, dónde la compran, que comen, que música escuchan y hasta sus creencias sobre este universo. En este tenor, surgen a su vez y como un eslabón naturalmente inevitable, expresiones magníficas de la humanidad. Es a través de distintos lenguajes que su cultura se comparte danto una profunda identidad a los que la expresan, generan más adeptos y consolidan su lugar en la sociedad. Punto y seguido, si tomamos como referente a la capital mexicana, ésta se convierte en una pecera muy rica para la observación antropológica del quehacer humano, es decir, de la cultura. Los nichos y consumos, fusiones idiosincráticas detonan una multitud de expresiones extraordinarias, sobre todo aquellas que son auténticas, se vuelven mágicas. Fortuna que no todos los países logran tener debo destacar, y mucho menos ciudades. De tal suerte que, las calles de nuestra ciudad expresan los estilos de vida rebozados de cultura, esa que se ha suavizado en su corte pero no en su contenido. Si lo vemos de manera superficial, se trataría simplemente de un gusto por un formato absurdo de vivir; sin embargo no lo es. Alguna vez una persona en una reunión afirmaba agresivamente que en México la gente no era culta, cosa que por supuesto debatí usando el concepto básico de la cultura que ya platicamos líneas arriba. Con la mente abierta y pensando como dicen los gringos “Out of the Box” es que esa idea queda totalmente desacreditada.

En México, hay un gran gusto por la cultura, tanto que como bien les decía, la gente adopta personajes y crean tribus urbanas ¿Eso no es cultura? Existen lugares como el Patrick Miller, donde cada viernes se reúne gente muy peculiar a rendir tributo a la música de antaño. Tenemos un lugar dedicado al mariachi, restaurantes que revolucionan la gastronomía, galerías que albergan nuevas expresiones artísticas. Sin duda, el discurso de la cultura debe cambiar, y ya ha comenzado con una nueva generación, quizá sí, como bien se ha acuñado: la de la información o también, los llamados “millenials”. Nuevas generaciones que leen mucho, pero de una manera distinta, quizá no en clásicos libros, pero sí en redes sociales y websites. Que aprende cosas nuevas no en escuelas sino a través de videos en “Youtube”. Que revolucionan la forma de comunicar la cultura al tomarse una selfie en con la instalación de Yayoi Kusama y su “Obsesión infinita”. Podríamos plasmar cientos de ejemplos, pero lo que es importante mantener es esa necesidad de evolución al mismo tiempo de todos los que de una manera tradicional hemos seguido la cultura, por gusto o suerte. Es el reto que hoy veo en los medios de comunicación, transgredir la vía de un solo sentido y adecuar el discurso a una frecuencia donde armoniosamente coexistamos, apreciemos y cultivemos.

¡Adiós!

/arm