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Dátiles de Damasco

  • Camilo Kawage

1.- Si se puede llamar “civilizado” un ataque militar, los datos disponibles señalan que el que ha efectuado Estados Unidos sobre la base siria de Shayrat la noche del 6 al 7 de abril, tuvo esa característica. Tras el embate con armas químicas que todo indica, ordenó el presidente de Siria dos días antes sobre población inocente y que causó casi un centenar de muertos incluidos niños, los altos mandos militares de Washington previnieron al Gobierno de Rusia, y al de la propia Siria para evitar riesgo de bajas en el sitio y no menos relevante, dirigió los misiles quirúrgicamente sobre el blanco previsto, a modo de enviar el mensaje que quería dejar preciso, a los señores Putin y Al-Assad.

2.- En un espasmo de cordura desusado en él, el presidente Trump conjugó la advertencia a los defensores de Siria, esto es Rusia, Irán, Corea del Norte entre otros, con la visita que le hacía en su casa dorada de Florida el presidente de China,  justo en la cena oficial, y difundió un mensaje breve en el que dio las razones de su acción, y cuando tiene registros muy bajos en la opinión general, del respaldo y simpatía sobre su desempeño. Da a saber que avanza en su lento proceso de entender que es presidente de Estados Unidos y no estrella de televisión, que asume el costo de un propósito que le ganará aprobación entre la ciudadanía, y entre los países aliados.

3.- Quedó claro que escuchó a los mandos militares y que no se trató de uno de sus desplantes habituales, que no emitió bravatas por twitter sino que ordenó un ataque real, de misiles de crucero Tomahawk desde barcos en el Mediterráneo, con la debida preparación, táctica y logística, para no dejar lugar a dudas o especulaciones. Buena parte del mundo execra una guerra civil como la que en ese ombligo del mundo en conflicto que es Siria lleva a cabo un genocida despiadado, que en seis largos años ha dejado medio millón de muertos y destrucción sin fin.

4.- No tardaron en escucharse voces de condena al ataque norteamericano y en apología a Putin y al heredero Al-Assad. El zar de todas las Rusias fustigó la acción como era natural, pero sabe a qué atenerse y no come –mucha- lumbre, dijo que su válido no tiene gas sarín ni arsenal químico, suspendió un ratito el acuerdo de riesgo aéreo y la cooperación contra el terrorismo islámico. El carnicero de Damasco acusa invasión a su soberanía, un ataque idiota e irresponsable, el reino de las noticias falsas, como si el primero no estuviera metido hasta la cocina en su guerra, sus armas y sus decisiones. Cosa rara, los hechos se dan a dos días del despido del rasputín de la Casa Blanca y la ultra norteamericana ha roto lanzas contra su inquilino.

5.- Más revelador aún, la decisión que convierte al señor Trump en presidente de Estados Unidos y que tanto escozor provoca en las buenas conciencias de los radicales que hacen cofradía con el zar Vladimir, modifica el actual mapa político en el mundo. Si el enemigo a vencer es el terrorismo, los heraldos del extremo verán mermadas sus cartas para vencerlo, los fervientes seguidores de la señora Le Pen y similares lo pensarán dos veces antes de votarlos a gobernar, los chavistas de nuestro continente –incluso los de acá mismo-, verán con gran cuidado el siguiente capítulo de este chicotazo a la tentación totalitaria.

6.- Efecto colateral en estos días, sin quererlo, el comerciante le ha dado nuevo brío a Naciones Unidas –la OEA incluida- y el ataque a Estocolmo que se atravesó en el terror dará qué ver en el Consejo de Seguridad. Quién dijera.
camilo@kawage.com