imagotipo

De Cara al Sol

  • Andrea Cataño

A Venancio Morten, con mi agradecimiento por su amor a la obra de mi madre

  • Michelena en Pachuca

La casualidad no existe. Conforme pasan los años voy recopilando más testimonios de esta aseveración. Tenía que haber dejado de trabajar en la Dirección General de Transporte Ferroviario y Multimodal de la SCT, tenía que haber aceptado la solicitud de amistad en Facebook de un hidalguense —el poeta y ensayista Venancio Morten—, quien creó una página dedicada a mi madre en esta red social, y luego debía darse la circunstancia de que le dedicaran a ella la 16a edición de la Feria del Libro Infantil y Juvenil para que yo pudiera hacer dos viajes ciertamente emotivos. El primero al país de las memorias que me aguardaron por 18 años arriba del armario, para buscar sus documentos; el segundo, a Pachuca, la ciudad donde nació el 21 de julio de 1917, para asistir al banquete literario en su honor que comenzó un día después del que hubiera sido su cumpleaños número 99, con una inteligente y sensible conferencia magistral del gran poeta Dionicio Morales (amigo de siempre de mi madre), entreverada con lecturas de poemas de mi madre en la hermosa voz de Carlos Bracho. Me alegré muchísimo cuando José Vergara Vergara, director general del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo, anunció que se dejarían recursos etiquetados para publicar las obras completas de mi madre (incluidos sus artículos periodísticos) el año que viene, que se celebrará el centenario de su nacimiento.

En ese primer viaje que mencioné, me encontré con buena parte de mi linaje maternocontenido en las cajas: el documento en que Felipa Mateos, mi bisabuela, daba su consentimiento para que su hijo, Leopoldo Chillón contrajera matrimonio con Benita Michelena, en la ciudad de Burdeos, Francia, donde residían ambos en ese entonces. Doblado y roto de las esquinas, con el papel amarillento por los años, estaba el billete de barco de mi abuelo; se embarcó en La Coruña y llegó a Veracruz en 1913, contratado como ingeniero mecánico una compañía minera inglesa con sede en Pachuca. En 1915 llegó mi abuela con el hermano mayor de mi mamá en brazos y se instalaron en la 2ª. Calle de Mejías número 22, donde nació mi mamá, justo frente a la estación del tren de mulitas que llevaba a los trabajadores a la mina de Real del Monte, según pude comprobar en su acta, que llevaba años perdida. Hallé una boleta de calificaciones de mi madre, con su foto: melena corta ondulada y esos ojos donde reinaba la inteligencia desde entonces; sus notas eran diez en todas las materias, pero en conducta: “no muy bien” y es que era muy traviesa, debe haberse aburrido muchísimo, pues era una niña que aprendía más rápido que los demás.

Desdoblar estos papeles y desdoblar mis recuerdos fue la misma cosa, como dice Serrat en “Las pequeñas cosas”, esos fragmentos de mi linaje me acechaban como un ladrón en esas cajas y me hicieron llorar cuando nadie me veía. Ahora esos documentos ya no serán solamente de mi familia, sino de la familia espiritual de Margarita Michelena, pues los dejé en el Centro de Documentación dependiente de la Dirección de Bibliotecas que encabeza la muy capaz Victoria López Pelcastre. En el Centro de Documentación que dirige mi nueva gran amiga Gilda Noguerola y donde trabaja un equipo de enamorados de la historia de Hidalgo, quienes los restaurarán, digitalizarán y subirán a la red para compartirlos con quienes deseen conocer más de la enorme poeta, escritora y periodista de quien tuve el privilegio de nacer. ¡Gracias a todos en Pachuca por la hospitalidad, el cariño y, sobre todo, por contribuir con tanto entusiasmo a que mi madre tenga el lugar que merece en su tierra natal.
andreacatano@gmail