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De Cara al Sol

  • Andrea Cataño

  • Andrea Cataño
  • Puras vergüenzas

La participación de los atletas mexicanos en los Juegos Olímpicos de Brasil ha sido decepcionante. “Haiga sido como haiga sido”, ninguna de las esperanzas de medalla ha logrado concretar ninguna. Pero eso sí, don Alfredo Castillo, polémico dirigente de la Conade, se pasea por todo Río de Janeiro con su pareja, enfundándose uniformes oficiales.

El repartir culpas no sirve de nada, pero sí hay factores que merecen analizarse para entender mejor qué ha pasado con el desempeño de los atletas nacionales en estos juegos. Tomemos el caso de los clavadistas Rómel Pacheco y Jahir Ocampo, a quienes no se les permitió repetir un clavado, a pesar de que advirtieron de la anomalía causada por el súbito encendido de una luz, que les hizo perder la concentración, indispensable cuando se trata de realizar un clavado de enorme grado de dificultad. Don Alfredo dice que no hubo juez mexicano en esta disciplina y se trató de manera injusta a los clavadistas mexicanos porque no le regaló a la federación de clavados 15 millones de dólares. Es posible, pero el hecho habla de que, en el mejor de los casos, Castillo es un mal negociador.

Hay quien alega que el Gobierno no apoya suficientemente a los atletas de alto rendimiento. Quizá sea el caso para algunos, pero no para los que aspiraban a medallas. Por ejemplo, la taekowndoista María del Rosario Espinoza, obtuvo dos millones 982 mil 532 pesos, la clavadista Paola Espinosa, dos millones 682 mil 605 pesos, la tiradora con arco Aída Román, dos millones 231 mil 700 pesos. A su vez, los deportes con mayores subvenciones gubernamentales fueron: Clavados, con 18 millones 853 mil 378 pesos, Taekwondo, con 22 millones 557 mil 809, Halterofilia, con 11 millones 671 mil 858, Atletismo, con 11 millones 341 mil 067 y Tiro al Blanco, con ocho millones 632 mil 169. En total, los atletas nacionales de alto rendimiento recibieron en conjunto durante el ciclo apoyos económicos por 39 millones 590 mil 584 pesos y el presupuesto total para el ciclo olímpico, para las diferentes federaciones y asociaciones ascendió a 145 millones 257mil 237 pesos. En otras palabras, esta es la suma de recursos provenientes de nuestros impuestos, que se invirtieron en los atletas que fueron a representar a México con tan pobres resultados.

El futbol es otra historia. Aquí mucho tienen que ver los intereses de los auténticos dueños del balón de soccer en México, que viven -y muy bien- aposentados en la dirigencia de la Federación Mexicana de Futbol, como el señor Decio de María y los propietarios de los equipos, a quienes no les interesa prestar a sus jugadores para que asistan a un evento, en el que no hay los ingresos millonarios a los que están acostumbrados. Finalmente, para ellos la motivación no es deportiva, sino de negocio. Los equipos son para dejar dinero, no prestigio ni medallas.

Pero las razones de fondo para que el deporte en México siga siendo de resultados de chiripa o totalmente mediocres, reside en la falta de programas que lo alienten desde la niñez. La formación deportiva debe empezar desde la infancia, en la escuela. El apoyo al deporte debe empezar en la primaria, como sucede en otros países que tienen verdaderos semilleros de talento y un grupo de profesionales que detectan las aptitudes de los niños y los van formando, en aquellas disciplinas atléticas para las que tienen facultades, apoyándolos con becas en la preparatoria y la universidad y ya todos hemos comprobado cómo ese sistema paga dividendos, que se traducen en desempeño atlético sobresaliente.

Mientras el deporte no sea parte real del programa educativo, mientras sigan los políticos comodín, ocupando puestos que merecen los especialistas en deporte, en tanto prevalezcan los intereses comerciales, seguiremos cosechando vergüenzas.
andreacatano@gmail.com