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De Cara al Sol

  • Andrea Cataño

  • Andrea Cataño Michelena
  • Matrimonio igualitario: entre lo legal y lo moral

La tardía salida de Luis Videgaray no remediará el daño causado, pero quizá ayude a distender la presión sobre el presidente. José Antonio Meade es un hombre capaz y respetado. No es el golpe de timón esperado y se pueden esperar dos resultados: o el Presidente decide relanzar su mandato o sigue aislado entre el cada vez más pequeño grupo de sus amigos. De lo que no queda duda es de que el Trumpazo, marcará históricamente su administración, ya de por sí descascarada irremediablemente por el escándalo y la corrupción.

Pero hay otros asuntos importantes en la agenda nacional. Por razones que aluden los desastrosos resultados que obtuvo el PRI en las pasadas elecciones y con la mira puesta en los comicios de 2018, los legisladores del PRI mandaron al congelador la iniciativa presidencial sobre los matrimonios igualitarios. No quieren confrontaciones con los sectores más conservadores de la sociedad, que andan desatados en su afán de impedir que dicha iniciativa se discuta y se apruebe.

Hay una gran diferencia entre lo moral y lo legal y lo que está en juego no es un asunto moral, sino la certeza contenida en el artículo 40 constitucional, que establece a los Estados Unidos Mexicanos como una “república representativa, democrática, laica y federal”, en la que todos podamos disfrutar de libertades y derechos, independientemente de que haya a quienes dichas libertades y derechos les parezcan “inmorales”.

Las religiones pueden fijar las condiciones que más les plazcan para celebrar uniones según sus respectivos ritos, pero el matrimonio civil debe regirse por los principios que marca el Estado laico y cualquier ciudadano que los cumpla, debería poder contraerlo con quien lo desee. Es importante insistir en que la discusión del matrimonio igualitario no pretende fijar una posición sobre la homosexualidad y sus variantes, sino sobre el ejercicio -aquí, sí- del libre albedrío para casarse sin que la ley lo limite o sin que la vida personal se vea amenazada por restricciones que no le atañen al Estado.

Quienes se oponen al matrimonio igualitario están en su derecho de esgrimir sus argumentos para que se escuchen y se discutan con toda seriedad en el ámbito de su incumbencia, sin embargo, es de vital importancia insistir en que el meollo del debate no debe centrarse en la moral, sino en la reivindicación de derechos que lleven a la vida diaria una garantía constitucional, no olvidemos que no existe una moral oficial.

A propósito de las acciones emprendidas para boicotear el matrimonio igualitario, -aunque lo nieguen- anda circulando por ahí una campaña espeluznante, firmada por el Frente Nacional por la Familia. Hay un cartel que muestra al padre, la madre y los hijos, con la siguiente leyenda: “Todos tenemos papá y mamá, así que si tu familia no es así, NO eres una familia”. Además de su mala redacción, esta premisa amenaza directamente la estabilidad emocional de los niños que no tienen papá y mamá (y esto puede ser por razones que nada tengan que ver con la preferencia sexual de los progenitores). Por ejemplo, una madre soltera (viuda o divorciada) con sus hijos, un padre soltero con sus hijos, unos abuelos con sus nietos, ¿no constituyen una familia? Adicionalmente, la campaña promueve la discriminación y el acoso escolar, dos conductas con las que nadie en su sano juicio puede estar de acuerdo.

En el tema del matrimonio igualitario es preciso alejarse de las posturas maniqueas y propiciar el respeto a la diversidad y la igualdad de derechos, de todos los grupos que integran la sociedad. El ideal es que todos los ciudadanos tengan la posibilidad de ejercer su libertad sin otro límite que no sea la afectación a los demás.
andreacatano@gmail.com