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De Cara al Sol

  • Andrea Cataño

  • Andrea Cataño Michelena
  • El compló de Trump

 

El lunes pasado más de 84 millones de personas siguieron el primer debate entre Hillary Clinton y Donald Trump o, para ser precisos, pudieron apreciar cómo la primera candidata a la presidencia de Estados Unidos por el partido demócrata hizo añicos a su oponente republicano; él empezó muy compuesto, guardando el tipo, pero a medida que Hillary le asestaba un golpe tras otro, fue “perdiendo el pedigree” hasta quedar en lo que realmente es: una ficha clínica para ilustrar el trastorno narcisista de la personalidad, tal como lo describe el DSMIV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales).

Quienes vimos el debate advertimos cómo Trump, a las primeras de cambio, comenzó a regañar al moderador, a interrumpir constantemente y a negar las afirmaciones de su oponente y, como se dice por acá, a regar el tepache, porque un narcisista no soporta la menor crítica. Fue obvio que el magnate (que se maquilla con Cheetos en polvo), tal como corresponde a los narcisistas que subestiman a todos y tienen delirio de grandeza, no se preparó; su contrincante, al contrario, lo hizo muy bien, amén de que tiene muchas tablas. Al caballero del peinado indescriptible lo vimos desbarrar con sus comentarios sexistas sobre la exMiss Universo, Alicia Machado y luego, en el colmo del delirio —también narcisista—, cuando Hillary lo acusó de no pagar impuestos, a declarar que eso lo hacía “inteligente”. ¡Oh, sí!

No importa cuánto se empeñe en disfrazarse de respetable e institucional, Trump enseña el cobre a las primeras de cambio y contra todo lo que le habían aconsejado, al día siguiente continuó profiriendo estupideces. Con tono irritado, durante una entrevista telefónica para un programa de la cadena de noticias Fox, Trump criticó a Lester Holt, el periodista de NBC que fungió como moderador, por haberle hecho “preguntas injustas” y sugiriendo que “alguien” había manipulado su micrófono (¿A quién les recuerda?). En un típico “y otra vez la burra al trigo”, Trump volvió con su cantaleta sexista de que a Hillary le faltan vigor y energía para ser presidenta, en un intento por menoscabar su imagen tras el reciente quebranto que sufrió su salud.

Trump es un cretino integral que no entiende la dinámica política y en vez de callarse para verse más bonito (lo que es imposible), siguió criticando a la exMiss Universo, Alicia Machado; declaró en la entrevista a Fox que tuvo razón en reprender a la exMiss Universo por su peso. “Le salvé su empleo”, dijo Donaldito, para justificar sus inadmisibles vejaciones.

Ya amenazó con sacar a relucir las infidelidades Bill —el burro hablando de orejas—, lo que sería una bajeza y un asunto totalmente irrelevante en cuanto a la capacidad de Hillary para gobernar. Al contrario, la dignidad y la entereza con las que afrontó ese vergonzoso y doloroso episodio, solamente hablan bien de ella.

Trump está pensando no presentarse a los debates restantes (seguro que lo asesora Rayito de Esperanza); sin embargo, su fracaso en el primero no tendrá grandes repercusiones en las encuestas. Clinton subió unos puntos, pero no los suficientes como para cantar victoria. Ahora la estrategia de la candidata tiene que enfocarse a los sectores y Estados que sí puede ganar y olvidarse de aquellos en que, pase lo que pase, los electores votarán por el inefable Donald.

Y si gana Hillary, el mesías pelos de elote alegará, igual que su compadre de Macuspana, que todo fue un compló. Hagan sus apuestas.
andreacatano@hotmail.com