imagotipo

De cara al sol

  • Andrea Cataño

Ecos del tercer debate

 

Dice el dicho que la cabra siempre tira pa’l monte y el indescriptible señor Trump lo refrendó nuevamente el miércoles pasado, durante el tercer y último debate presidencial que sostuvo contra su contricante Hillary Clinton, el que, por cierto, según sondeos de la cadena CNN, ella ganó por 52 contra 36 por ciento de Trump. Hay que reconocer que durante unos minutos, el irascible candidato no sin esfuerzos logró contenerse, pero un individuo con trastorno narcisista de la personalidad (como ya lo he comentado en otros artículos), es incapaz de resisitr la menor crítica y, por supuesto, jamás acepta errores o derrotas.

La misión para él en este útlimo debate era ampliar su base de electores, ya que es obvio que contará con el voto de su legión de Trumpizombies, integrados por estadunideneses racistas, homófobos, resentidos y muy enojados con todo lo huela a “establishment” y que no son pocos, pero no le alcanzan para ganar la elección. Pero, Trump fracasó estrepitosamente en ese objetivo fundamental, primero, cuando afirmó que nombraría a jueces conservadores y provida en asuntos primordiales como el aborto. El candidato republicano ha manifestado que no solamente desaprueba la terminación del embarazo, sino que a las mujeres que optan por esta terrible medida, deben ser castigadas. Como era de esperarse, el señor del copete de algodón de azúcar insistió en que las denuncias de acoso y abuso sexual contra él eran infundios y ya habían sido totalmente desmentidas; Donald afirmó que ni siquiera le había pedido perdón por ello a su esposa. Entonces, no entiendo por qué hace unos días, su esposa Melania expresó en una entrevista de televisión, que su marido le había ofrecido disculpas y que ella las había aceptado y lo apoyaba totalmente. En el debate y con el aplomo que da el cinismo, repitió “nadie respeta a las mujeres más que yo” y unos minutos después, insultó a su oponente llamándole mujer repugnante. ¿Por fin?

Sin embargo, el momento del harakiri llegó cuando el moderador, Chris Wallace (estrella del canal conservador Fox News), le preguntó a Trump si respetaría los resultados de la elección y él dijo que lo diría más adelante, que mantendría a toda la nación en suspenso. En México estamos acostumbrados a los conflictos postelectorales. Tenemos al Trife y a los tribunales electorales locales, pero en Estados Unidos es inédito que un candidato alegue que la elección está amañada y que no sabe si respetará los resultados en caso de que no le favorezcan. Insisto, a mi única neurona la tiene atribulada el sospechosismo de que hay una mano tabasqueña meciendo la cuna de los comicios gringos, porque el discurso de Trump es idéntico al de Rayito de Esperanza.

Ahora bien, en lo que verdaderamente le importa a México, si gana Trump ovbiamente nos irá muy mal y tendríamos que prepararnos, por lo pronto, para recibir a miles de deportados para los que no hay oportunidades (por algo se fueron), pues la expulsión masiva de ilegales sí está dentro de las facultades del presidente. Sin embargo, de ganar Hillary, tampoco vamos a estar en jardín de rosas. En primer lugar, el desaire marca ACME que le hizo el Gobierno mexicano, gracias a los oficio de don Luis Videgeray, no será perdonado y, segundo, porque Clinton ya anunció que nombrará a un fiscal especial para revisar todos los tratados comerciales, entre los que destaca el TLCAN. La relación de México y Estados Unidos siempre será disfuncional y, como suele ocurrir en la naturaleza, el pez grande se come al chico.
andreacatano@gmail.com