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De Cara al Sol

  • Andrea Cataño

  • Andrea Cataño
  • Solo cenizas

Al pensar en el tema de mi colaboración de hoy, vino a mi mente “Cenizas”, un bolero infaltable en mis reuniones bohemias que siempre pedía mi inolvidable amigo Pedro Álvarez del Villar, ya con sus copitas encima. De la autoría del compositor Wello (Manuel) Rivas, representante de la trova yucateca y muy popular en las décadas de los 40 y 50, este bolero se hizo famoso en la voz de Javier Solís. Todo esto viene a colación por las estrictas nuevas normas del Vaticano en cuanto a qué se puede y qué no se puede hacer con las cenizas de los difuntos.

Según dicta el documento, las cenizas de los difuntos católicos no se pueden esparcir, ni dividir, ni mantener en casa. Tampoco se pueden crear joyas a partir de ellas.”La Iglesia recomienda insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en cementerios u otros lugares sagrados”.

Estas son parte de las nuevas instrucciones que la Congregación para la Doctrina de la Fe, el órgano del Vaticano que se encarga de regir sobre la doctrina católica, publicó este martes con aprobación del papa Francisco y que tienen que ver, más que nada, con dogmas de la fe. Hay que recordar que durante la misa se reza siempre el Credo, en el que se encuentran  resumidas las verdades de la fe católica, y que, precisamente, termina diciendo: “espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén”.

Y aquí es donde radica la razón del por qué la Iglesia, hasta hace poco, se oponía a la cremación. Para los cristianos, según las escrituras, los muertos resucitarán a la vuelta de Cristo y el fin del mundo. Esta resurrección será corporal, semejante a la de Cristo. Entonces se reunirán las almas con sus respectivos cuerpos para esperar el Juicio Final. Para los justos, será un acto de liberación y gloria, pero para los impíos, la resurrección tendrá como resultado la condenación en el infierno. Por lo tanto, es importante que los cuerpos conserven su integridad y sean enterrados en lugar consagrado.

Sería tema de una película de Guillermo del Toro,con escabrosas escenas en las que los difuntos cremados, cuyas cenizas se repartieron entre parientes, esparcido en tierra o mar o fueron convertidas en joyas, anduvieran buscando completar el cuerpo llegado el momento de la Resurrección. ¡Qué escalofriante!

Hoy la Iglesia no se opone a la cremación por razones “higiénicas, económicas o sociales”, pero el nuevo documento marca el cambio más grande a su instrucción “Piam et constantem” de 1963, cuando las cremaciones fueron autorizadas por primera vez.

El Vaticano concede que las cenizas puedan ser conservadas en casa “solo en casos de graves y excepcionales circunstancias”. El documento no abunda sobre qué casos son “graves”, pero el consultor de la Congregación de la Doctrina de la Fe, Ángel Rodríguez, dijo en la presentación del documento que una opción es cuando una persona lo pida “por piedad o cercanía”. ¿A qué se referirá el Vaticano con esto último? ¡Qué alguien me explique!

En México, donde ocho de cada 10 personas se declaran católicos, las cremaciones alcanzan hasta el 80 por ciento en las grandes urbes como la Ciudad de México, debido a la falta de espacio para las inhumaciones, pero también a que es un servicio más económico que el entierro tradicional en el que hay que comprar una fosa en algún panteón. Sin embargo, ahora, de cualquier manera los católicos tendrán que gastar en un nicho para cenizas, ya sea en un cementerio o en una iglesia y no sale nada barato, porque en las Iglesias, estas ventas son todo un negocio. Entre más cerca esté el nicho del altar, la proximidad con Dios cuesta más cara y no hay nichos gratis.

Pero los católicos que quieran resucitar sin tener que andar buscando sus cachitos de cenizas por cielo, mar y tierra, tendrán que quedarse completitos y bien guardaditos en lugares santos, nada de andar desparramados en estadios, playas, bosques o macetas o jarrones. Vaticano dixit, sorry.
andreacatano@gmail.com