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De cara al sol

  • Andrea Cataño

Hillary y el dilema de la credibilidad

Desde hace más de un año, Hillary Clinton ha viajado por el país hablando con los votantes acerca de sus planes de Gobierno. Se comprometió a mejorar la infraestructura en sus primeros 100 días en el cargo, a aumentar los fondos para la investigación del Alzheimer y propuso un plan de 10 mil millones a la lucha contra la adicción a las drogas.

Pero conforme la elección primaria se acerca a su fin, las esperanzas de Clinton de basar su campaña en políticas sociales y económicas, se ha topado con un problema visceral: un gran número de votantes simplemente no confía en ella. Y ahora la situación se torna más complicada.

El miércoles 25 de mayo será tal vez una fecha negra para la candidatura de Hillary Clinton a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Demócrata. Ese día se difundió el Informe del inspector general del Departamento de Estado de ese país en el que se afirma que no había solicitado o recibido aprobación para utilizar un servidor de correo electrónico privado cuando era secretaria de Estado, con lo que se refuerza la percepción de que la hasta el momento casi segura candidata del Partido Demócrata a la Presidencia, no es directa ni transparente.

Luego de que durante meses la señora Clinton dijo que usó un correo electrónico privado por conveniencia, y que estaba dispuesta a cooperar plenamente con las investigaciones sobre su manejo de los asuntos oficiales, se negó a ser entrevistada por el inspector general como parte de la revisión. Y cuando algunos funcionarios expresaron su preocupación porque usaba una cuenta no gubernamental, fueron silenciados por los funcionarios del Departamento de Estado, que les ordenaron “no volver a hablar del correo electrónico personal de la secretaria.”

En noviembre de 2010, un funcionario del Departamento de Estado le pidió a la señora Clinton que revelara su dirección de correo electrónico personal y comenzara a utilizar una cuenta oficial, dijo que estaba abierta a utilizar una segunda dirección de correo electrónico, pero afirmó que no quería correr el riesgo de que su información personal quedara expuesta.

Algunos de los aliados más cercanos de la precandidata, declararon que el informe también reveló que Colin Powell, secretario de Estado del presidente George W. Bush, y otros funcionarios del Departamento de Estado también habían utilizado exclusivamente cuentas personales de correo electrónico. Sin embargo, el encarnizado oponente de la señora Clinton, el inefable Donald Trump, inmediatamente aprovechó para írsele a la yugular al afirmar que el señor Powell no pretendía ser candidato a la presidencia y repitió cuantas veces pudo “la chueca Hillary” (crooked Hillary), el apodo demoledor con el que invariablemente se refiere a ella.

Para contratacarlo, Hillary dijo que su advenedizo oponente republicano se había beneficiado de la crisis de vivienda en 2009, en un esfuerzo por convencer de que Trump es un estafador (y lo es) de los estadunidenses de ingresos modestos. Sin embargo, estos golpes parecen de boxeadora aficionada y no parecen hacer mella alguna en su feroz oponente.

Por otra parte, independientemente de este informe del Departamento de Estado, hay una investigación abierta del FBI por el mismo asunto en la que se trata de verificar si la señora Clinton y sus colaboradores expusieron información de seguridad nacional a través de los correos electrónicos de los cuáles esa instancia tiene en su poder más de 55 mil páginas conteniendo los mensajes.

A Hillary le urge una visita a Catemaco. Entre sus debilidades como candidata ante un oponente despiadado que le dará hasta con la cubeta y la espada desenvainada del FBI, sus aspiraciones presidenciales penden de un hilo.

andreacatano@gmail.com