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De Cara al Sol

  • Andrea Cataño

  • Andrea Cataño Michelena
  • ¡Pégale, que al fin es vieja!

Esta vez no se trató de una ciudadana común y corriente, Ana Gabriela Guevara, gloria del deporte nacional, funcionaria pública y legisladora, fue víctima de una brutal agresión de parte de cuatro sujetos viles y cobardes, quienes le propinaron una golpiza épica que bien pudo haberle causado una discapacidad permanente o incluso acabado con su vida.

Hace apenas unas semanas escribí de otro caso de violencia de género perpetrado contra Ireri Carranza López y su madre, Susana López Téllez, a quienes un vecino, Rafael Sojo Jiménez y su hija, Alexis Samantha Sojo Munguía, golpearon en plena calle y las mandaron al hospital. Como Ireri y su madre no son figuras públicas, a ellas nadie las tomó en cuenta y su caso fue tipificado como “riña entre particulares”.

¿Cuál riña? se trató de una tranquiza marca Acme que les propinaron por el simple hecho de que son mujeres indefensas a las que un macho y su hija llena de odio, consideraron como basura.

Por si no tuviéramos suficientes desgracias encima, hay que sumar una más: la rampante violencia de género que se traduce en el aumento de feminicidios y en agresiones físicas, sexuales, verbales y las que el respetable quiera añadir, que se solapan y se toleran, porque en pleno siglo XX en México siguen proliferando los machos.

Como ya he dicho en otras ocasiones, aunque haya una ley para que las mujeres vivan libres de violencia, para efectos prácticos, está tan muerta que bien podemos irle organizando su novenario de misas. En las agencias del Ministerio Público ni siquiera saben que existe la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (a lo mejor es por el kilométrico nombrecito).

Los misóginos maltratan y vejan porque en este país la impunidad es un cáncer que avanza sin cesar; sin embargo, el problema de fondo es de educación. Muchas mujeres siguen todavía fabricando machos: a los hombres de casa se les atiende, se les sirve, se les lava y plancha y si hay posibilidades, son los varones -por encima de las mujeres, aunque éstas sean más inteligentes- a los que se les brinda la oportunidad de estudiar. Con ese ejemplo a los hombres se les enseña desde la infancia que las mujeres valen menos, que están para usarse y si se les agrede físicamente es porque se les considera inferiores.

No menoscabo la importancia de que exista una ley contra la violencia de género. Al contrario, me parece que contar con ella es un gran avance, pero de poco sirve una ley que no se aplica porque no va aparejada de una campaña educativa para evitar que las mujeres sigan replicando las conductas que derivan en más misoginia, así como de una sensibilización y capacitación para todas las instancias de procuración de justicia.

Si queremos erradicar la violencia de género hay que ir a sus raíces y atacarla ahí con la única arma efectiva que existe: la educación. Ojalá que el ataque sufrido por la gran atleta sirva para visibilizar la misoginia y las autoridades busquen con el mismo ahínco a los culpables de todos los crímenes de género (no solamente los homicidios). Cada vez que se ataca a una mujer por el solo hecho de serlo, nos atacan a todas.

andreacatano@gmail.com