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De Cara al Sol

  • Andrea Cataño

  • Andrea Cataño Michelena
  • Una buena

Pasamos por momentos muy difíciles. A mi alrededor veo ira, frustración, desánimo. El panorama no es nada halagüeño, pero hoy traigo una noticia alentadora que no es solamente para el presente, sino que significa una enorme esperanza para el futuro.

La noticia es de verdad maravillosa: ¡la capa de ozono –que permite la vida sobre la tierra al protegerla de la radiación ultravioleta del sol– se está recuperando! El agujero antártico se ha reducido en 4 millones de kilómetros cuadrados desde su máximo del año 2000.

Hace treinta años casi todos los países del mundo firmaron el protocolo de Montreal para prohibir los gases que destruyen la capa de ozono ;los científicos que la han estudiado intensivamente desde entonces, han logrado comprobar, por primera vez, que la situación ha comenzado a revertirse desde el año 2000, cuando alcanzó su máximo histórico (25 millones de kilómetros cuadrados), el agujero en la capa de ozono se ha reducido en 4 millones de kilómetros cuadrados, el equivalente al territorio que ocupa la Unión Europea, descontando al Reino Unido.

Esta recuperación ha ocurrido gracias al éxito del protocolo de Montreal, es decir, a la prohibición de los compuestos orgánicos clorados (clorofluorocarbonos o CFC) que se usaban en el lavado en seco, los refrigeradores y los aerosoles en fijadores para el cabello y desodorantes. Seguimos utilizando estos artículos, pero los CFC han sido sustituidos por otros compuestos de igual eficacia pero inocuos para la atmósfera.

Desde luego que los CFC no son los únicos elementos capaces de dañar la capa de ozono. Hay también fenómenos naturales, como la temperatura en las capas altas de la atmósfera y, sobre todo, las erupciones volcánicas que la afectan negativamente, al liberar millones de partículas residuales.

Al perderse el ozono hay mayores riesgos de afectaciones a la salud, ya que ese gas que se concentra en las capas altas de la atmósfera constituye un escudo natural que nos protege de la radiación ultravioleta del sol y que causa cáncer de piel, cataratas y alteraciones en el sistema inmunológico. La ONU estima, por ejemplo, que con la puesta en marcha del protocolo de Montreal y hasta el 2030, se evitarán dos millones de casos de cáncer de piel. Por otra parte, la pérdida de ozono afecta todas las latitudes, pero es más grave en los polos, sobre todo en la Antártida, que es donde se llevan a cabo las mediciones.

Ahora bien, no hay que confundir el Protocolo de Montreal con el Acuerdo de París, suscrito por México en noviembre del año pasado. Una cosa es el agujero en la capa de ozono y otra, el cambio climático. Los CFC y los gases de efecto invernadero son diferentes. Ya hemos visto los efectos de los CFC. Ahora bien, los gases de efecto invernadero –principales causantes del cambio climático– controlan los flujos de energía en la atmósfera al absorber la radiación infrarroja emitida por la Tierra. Actúan como una manta para mantener en la superficie de la tierra una temperatura de 30º C superior a la que habría si la atmósfera contuviera solo oxigeno y nitrógeno. Pero de esto me ocuparé en otra ocasión.

La buena noticia en la recuperación de la capa de ozono confirma que cuando se dejan atrás intereses mezquinos y se emprenden acciones conjuntas, tanto individuales como colectivas, tanto gubernamentales como privadas, a favor del bien común, se consiguen resultados esperanzadores para toda la humanidad.
andreacatano@gmail.com