imagotipo

De Cara al Sol

  • Andrea Cataño

  • Andrea Cataño Michelena
  • Usar TLCAN contra el can

Luego de unos cuantos días de haber asumido la presidencia, Donald Trump ha desmentido aquello de que “perro que ladra no muerde”. Sus órdenes ejecutivas no deben sorprendernos pues está cumpliendo lo que prometió a sus votantes; el señor del copete de escobeta se ha convertido en un feroz y enloquecido rottweiler que lanza tarascadas a diestra y siniestra con total desconocimiento y falta de respeto a las leyes y las instituciones que rigen a su país y al mundo.

Además del muro que ya dio orden de construir y que pretende que paguemos, ha amenazado con “renegociar” (a su favor, claro) el Tratado de Libre Comercio de América del Norte o TLCAN, (firmado en 1992, aprobado por el Congreso en 1993 y que entró en vigor en los tres países en 1994) como si se tratara de sentarse a que le hagan una rebajita en el precio de un terreno. El objetivo primordial es que haya libertad de tránsito y de mercancías —es decir, cero aranceles— entre los países signatarios. Suena sencillo, pero no lo es tanto.

El tratado tiene artículos y cláusulas que definen las reglas del juego y especifica las sanciones por inobservancia; además, para que Estados Unidos se lo abandone, se requiere de la aprobación del Congreso, algo que no sería tan fácil de conseguir ni con la mayoría republicana, puesto que entre los legisladores del partido que puso a Trump en el poder hay división y preocupación por las acciones del flamante mandatario.

Por lo tanto, todo lo que “tuitee” el señor Trump al respecto es palabrería que cae en un vacío jurídico. El mismo tratado tiene capítulos de disolución, de salida y de represalias por incumplimiento y para que nuestro vecino del norte pudiera salirse, habría que seguir todo un proceso que tardaría varios años.

Estados Unidos ha incumplido el TLCAN en numerosas ocasiones. Quizás el caso más representativo ha sido el del impedimento por nueve años para que los transportistas mexicanos circularan por su territorio. En 2005, México, aplicando el mismo TLCAN, como está previsto en el artículo 2007, llevó el caso ante la comisión arbitral de comercio internacional y lo ganó, pero el Congreso estadunidense fracasó en su intento por legislar para permitir la circulación de vehículos de carga mexicanos.

Entonces, utilizando el mismo tratado en su artículo 2019, México le impuso aranceles a los 109 productos que más le reditúan a Estados Unidos, entre ellos, las manzanas de Washington, al pistache de Seattle y el maíz del centro de ese país. Al sentir los exportadores las repercusiones económicas de estas medidas, casi por arte de magia, se arregló el asunto y los transportistas mexicanos pudieron circular libremente por territorio americano.

¿Cuál es la lección aquí? Que aplicando las herramientas que el mismo Tratado proporciona, se puede negociar con éxito. Además, es importante que ante un bravucón insensato, México se muestre seguro y fuerte. Trump usa la intimidación para debilitar al contrario. Entonces, hay que mostrar el músculo y no permitir que nos amedrente, porque en Estados Unidos hay un sistema de pesos y contrapesos que sí funciona.

Existe una gran variedad de mercancías que Estados Unidos exporta a México, entre ellos, productos agrícolas de los que dependen varios de los estados que le dieron el triunfo a Trump. Si México se maneja con colmillo y aprovecha las ventajas que, el propio acuerdo brinda, con el TLCAN estaremos en posición de darle un “estate quieto” al can.
andreacatano@gmail.com