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De Cara al Sol

  • Andrea Cataño

  • Donald de los 100 días
  • Andrea Cataño Michelena

Ser el presidente del país más poderoso del mundo no es lo mismo que ser un negociador. Entre el mundo de los negocios y el de la política hay un abismo. La negociación política es indispensable para lograr metas y distender los conflictos, algo totalmente diferente a cerrar un trato apergollando al otro.

Winston Churchill dijo que el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones. Y partiendo de esta reflexión, Trump está más distante que Plutón de volverse estadista algún día. No tiene con qué, para eso se requiere de una inteligencia superior a la de un mercachifle con suerte. Indispensable también es la cultura, el dominio del lenguaje como herramienta de comunicación, Trump tiene un vocabulario de apenas palabras.

En los casi cien días que lleva al frente del Gobierno no ha tenido sino graves tropiezos con sus órdenes ejecutivas, la imposibilidad de construir el dichoso muro, su fracaso en derogar y sustituir el “Obama Care”, su insistencia en querer cancelar el TLCAN y sus inesperados y súbitos cambios de política nos hablan de un hombre que no tiene estructura y es incapaz de transmitir una visión global articulada. En resumen, es un chivo en cristalería.

El presidente que prometió el oro y el moro, llegará el próximo sábado a la simbólica marca de los cien días de su mandato muy descalabrado por el ejercicio del poder y siendo el presidente estadunidense más impopular de la historia moderna.

No ha conseguido cumplir con su promesa de “drenar el pantano”, refiriéndose a la burocracia enquistada en Washington, no le ha quedado más remedio que reconocer que tiene la chamba más difícil del mundo y que ha sido incapaz poner orden en la Casa Blanca convertida en una vecindad donde los pleitos de comadre están a la orden del día. No ha podido llenar las miles de vacantes requeridas para que la maquinaria del Gobierno funcione.

Del dicho al hecho hay mucho trecho. A las pocas semanas de haber afirmado que eliminaría inmediatamente el Obama Care, tuvo que admitir: “Nadie pensaba que la atención a la salud fuera un tema tan complicado”. ¿Pues qué creía?

Hace poco recibió al presidente chino, Xi Jinping, con quien pretendía discutir la situación en Corea del Norte y otra vez tuvo que aceptar: “Después de escucharlo diez minutos, me di cuenta de que no es tan simple”.

Ocupar la oficina oval, según todos los expresidentes, tiene un enorme impacto para el que nadie está preparado: el engranaje que mueve cotidianamente al Gobierno es muy complejo y la curva de aprendizaje es bien corta, a esto hay que sumarle el que Trump no ha tenido jamás un cargo público.

“Yo cambio y soy flexible, estoy orgulloso de mi flexibilidad”, declaró poco antes de autorizar el lanzamiento de 59 misiles contra Siria. Sus acciones obedecen a su temperamento. Así, lo hemos visto hacer virajes de 180 grados en temas fundamentales como las relaciones con China, Rusia o los países de la OTAN.

El envío de una poderosa flota de guerra cerca de Corea y las bravatas contra Kim Jong Un podrían ser solamente una forma de intimidar a su homólogo norcoreano, pero, dada su inestable personalidad, no sería imposible que se embarcara en una guerra de proporciones impredecibles.

En un intento desesperado por ganar algo de aprobación ha anunciado que bajará del 30 al 15 por ciento los impuestos a las empresas cómo va a cerrar el boquete financiero.

El balance de estos primeros cien días del Gobierno de Trump es negativo. En algunos medios de comunicación estadunidenses se especula incluso que no terminará su mandato.¿Será?

andreacatano@gmail.com