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De Cara al Sol

  • Andrea Cataño

  • Andrea Cataño Michelena
  • El cerebro del drogadicto

Primera parte

 

En meses recientes se ha discutido mucho acerca de la despenalización de las drogas. Se insiste en que la prohibición no ha dado resultado y que solamente ha servido para que los narcotraficantes se vuelvan cada día más violentos y poderosos y que la lucha contra el narcotráfico no ha dado resultado. Existen posiciones encontradas en cuanto al daño específico que puede causar la mariguana y finalmente, el debatedio como resultado que México despenalizará su uso para fines médico si el Congreso lo aprueba; no se discutirá el uso recreativo de la cannabis ni se aumentarán las cantidades permitidas de portación para uso personal.

Cada día, el número de adictos crece, la edad de inicio es más temprana y se acorta la brecha del consumo entre hombres y mujeres. Hay quienes prueban las drogas y las dejan y otros que se enganchan y no pueden salir: se vuelven dependientes. ¿Dónde radica la diferencia entre quienes son adictos y quienes son consumidores esporádicos? La respuesta a esta pregunta -esencial para el diseño de políticas públicas para prevención y tratamiento- la tiene la doctora Nora Volkow, directora del NIDA (el Instituto Nacional para el Abuso de las Drogas, en español), quien es una de las más reconocidas expertas en el mundo sobre este tema. Con más de 30 años dedicada a la investigación del fenómeno adictivo, la doctora Volkow -bisnieta de León Trostki y mexicana por nacimiento- ha descubierto los mecanismos cerebrales de la adicción.

En gran parte, gracias a ella hoy se sabe que los adictos a la marihuana, la cocaína, la heroína y otras drogas legales –como la doctora Volkow las clasifica–, como al alcohol y al cigarrillo, no lo son por su voluntad: ciertas disfunciones de su cerebro no los dejan vencer su adicción. Se les considera enfermos, no viciosos, y como tal hay que tratarlos.

“El cerebro humano es mucho más complejo que el de los monos o los ratones, pero estos animales han ayudado a nuestras investigaciones. Descubrimos, por ejemplo, que la dopamina, un neurotransmisor cerebral, juega un papel vital. Si comer un chocolate o aspirar cocaína por primera vez, se siente como un estímulo placentero, el cerebro libera dopamina y activa los centros del placer. Si mañana nos repiten el estímulo, solo con mirar el chocolate o la cocaína sentimos el impulso y la liberación de la dopamina”, explicó la doctora Volkow en una entrevista.

“El cerebro crea automáticamente una memoria de liberación de dopamina ante un estímulo placentero. Y con solo volver a sentirlo o presentirlo (mirarlo, por ejemplo), bien sea alcohol, comida, sexo, cigarrillo o heroína, queremos probarlo de nuevo. Se trata de una química no solo del placer, sino también de la motivación humana, de un sistema inserto en el cerebro desde tiempos inmemoriales para perpetuar la especie. Así fue como la evolución aseguró la supervivencia del hombre.

Pero este mecanismo cerebral automático perdió la ruta en algún momento. “Nuestro sistema quiso asegurarse, en el plano evolutivo, de que el ser humano nunca dejara de perpetuarse. Por eso, la comida y el sexo son placenteros –arguye Volkow–. Pero las drogas esclavizaron el sistema y lo desnaturalizaron. Nuestro cerebro no se creó para que consumiéramos drogas, pero estas ‘hackearon’ el sistema y crearon la adicción. Cuando empecé a trabajar, en los 80, se sabía que todas las drogas activaban la dopamina, pero yo me pregunté por qué algunas personas probaban la cocaína y la dejaban, mientras que otras se convertían en adictos. La activación de la dopamina era idéntica en ambas, pero una caía y la otra no. Esta pregunta fue la base de mis investigaciones”.

La próxima semana continuaré narrando cómo Nora Volkow descifró lo que ocurre en el cerebro del adicto, en una aventura apasionante que le ha llevado tres décadas.

andreacatano@gmail.com