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De casa del amigo a la jaula del misántropo

  • Camilo Kawage

1.- En un gesto de singular deferencia el presidente de Francia recibió en el Elíseo a su par de México justo la víspera de la reunión del G-20 en Alemania. La cálida hospitalidad del nuevo líder francés tiene un significado relevante para el Presidente de México, no solo por hallarse aquél en el foco de atención mundial como una revelación positiva de signos de cambio en la política de un país en que las transformaciones se presentan de siglo en siglo –como ha sido el surgimiento de una figura que hace un año nadie conocía, ya no en el mundo, pero en la propia Francia-, sino por el deliberado especial trato de convidar exclusivamente al Ejecutivo mexicano y su comitiva ante una variadísima gama de dignatarios en puerta.

2.- Previo a la cena que ofreció en su honor, los dos presidentes hicieron breves declaraciones a los periodistas y ahí despuntó una vez más la preparación, la seriedad y la claridad del francés. En cuatro minutos hizo un bosquejo de la relación actual con México; destacó coincidencias sobre terrorismo, migración, comercio y cambio climático, puso énfasis en el Consejo Estratégico que forman distinguidos mexicanos y franceses para estrechar esos vínculos, así como en el activo intercambio académico, universitario y de tecnología, y el interés de su país en participar en la construcción del Aeropuerto de México. Tocó también la delicada situación de Venezuela.

3.- La lucidez y el grado de información que exhibe el presidente Macron dejan ver el cuidado que pone en su forja de hombre de Estado, y comprometió ahí mismo a su invitado a elaborar en su intervención, y no quedarse en la sola cortesía de dar las gracias con el cliché rayado. La reunión, a la que además se hizo acompañar de su esposa, debe haber significado un ansiado bálsamo para el Ejecutivo mexicano, al que sacuden vientos de ciclón en casa donde quiera que voltea y que debe apreciar como nunca la calidez y simpatía del amigo anfitrión.

4.- El contraste con lo que venía no pudo ser mayor, gracias al misántropo de Washington. Se sabía que por más detalles que se pulieran a la reunión que sostendría con él en Hamburgo, a la primera oportunidad el señor Trump cometería un disparate respecto a México y la ocasión se la brindó una reportera al preguntarle si nuestro país pagaría el muro. De poco valió insistir que no estaba en agenda y que tratarían temas reales y de fondo, lo importante era la nota y el comerciante la dio. Con todo y que no se esperaban acuerdos, se habló de un par de avances sobre aspectos del TLC, pero el gesto estreñido y la actitud fruncida del personaje hablaban por sí solos, y eso que el plato fuerte era el saludo con su camarada el zar Vladimir.

5.- En todo caso, la breve gira del Presidente a París y Hamburgo fue para él un respiro, y para nosotros un escape de la monotonía que nos tiene atados al trámite del preso veracruzano, la liga del caudillo que le estiran ya rota, y los candidatos panistas que hace tiempo dieron de sí. Inmersos que nos encontramos en nuestra propia parroquiana feria de vanidades, ni siquiera nos distraemos en la que estelarizan figuras de serio peso específico, del talante de Merkel, Trudeau, Xi Jinping, Modi o, por distinta razón, Erdogan. Aquí lo importante es quién sale más machucado, quién es el más insignificante.

6.- Podríamos aprovechar y también tomar nota del drama que vive Venezuela, donde el gorila manda matones al Congreso y aplaca protestas a garrote. A veces suceden cosas más relevantes que las frases del ratero de Veracruz que dejan en la incógnita a los tomadores de noticias.
camilo@kawage.com