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De gobernadores y de ay pa’delante |Camilo Kawage Vera|

  • Camilo Kawage

1.- Nadie le dijo que gobernar un país de las dimensiones y las complejidades del nuestro sería tarea fácil, pero sin duda, el Ejecutivo Federal difícilmente imaginaba –aún en sus escenarios teóricos más adversos- que debería enfrentar un agolpamiento casi simultáneo de crisis para las que ni él ni su equipo estaban preparados. Lo estaban desde luego para los grandes triunfos reformistas, un petróleo cuyo precio se mantendría sin cambios, una moneda dura y unas instituciones a prueba de ineptos, corruptos e insensibles. Y el esquema cambió de unos días a otros, abriendo flancos que razonablemente no se podían prever a ningún plazo. La historia todos la conocemos demasiado bien, y por ello la filtración del audio en los videos del prófugo solo añadió leña al fuego.

2.- En esta atmósfera de dudas, de desconfianza, de incredulidad, infelizmente todas las obras y hechos de éxito –que no son pocos, ya se ha dicho aquí- carecerán de efectos positivos en el ánimo de la ciudadanía, y los más denodados esfuerzos por cambiar la percepción tendrán poco y fugaz impacto. Nadie se hace ilusiones sobre los normalistas, por más que algunas mentes perversas intenten cambiar la verdad de Murillo Karam; pero, en tanto no aparezca el prófugo, privará la duda y prevalecerá esa nociva y pertinaz sensación de frustración y desencanto. Ha fallado el manejo de crisis, ha fracasado el control de daños y debemos ponerle remedio.

3.- Poco ayudan al ánimo general posiciones como la de un pobre diablo que en mala hora fue designado al gobierno de Guerrero en sustitución de un pillo de media suela, que dice que no aplicará la ley a los maestros de ese Estado que pararon las escuelas para marchar el 2 y el 12 del mes que corre y no les descontará el día para, según él, no dañar la paz social y la gobernabilidad. A qué paz social y a qué gobernabilidad se refería, eso no lo sabe ni el malhadado Cisen, porque es justo lo que ese señor no ha intentado y, para fortuna de los guerrerenses, se larga pronto.

4.- A mayor abundamiento, el atentado de no homicidio al exgobernador de Colima, lejos de atenuar la duda, la alborota. Aquí no tanto por las causas a que pudo obedecer –ajuste de cuentas, que se haya metido donde no debía-, sino porque quien lo mandó matar quiso ahorrar, o de plano escogió a un discapacitado que saliera barato, porque para no atinar con un arma 9 mm a corta distancia tiene que ser muy torpe o muy inexperto. El caso es que un Estado apacible y de gente tranquila, está invadido de la plaga de nuestro día, que hace y deshace a su antojo: ya van cuatro gobernadores en situación de muerte.

5.- Por supuesto que el Ejecutivo ya no nombra a los gobernadores –menos a los que ya dejaron su cargo, ni a los que nunca lo ejercieron como el de Guerrero-, pero la hipertrofia de situaciones anómalas en los Estados y sus Gobiernos no contribuye al ánimo de la sociedad. Y eso que no hemos visto nada en Nuevo León, con el independiente que manda circulares a sus designados para que si militan en algún partido renuncien públicamente, y pidan permiso a sus cónyuges para trabajar todo el tiempo –tufos de lodos fascistoides, si no es que puramente faramalleros-. Falta Tamaulipas.

6.- Es de esperarse que se repitan historias de éxito como la que está en vías de escribir el secretario de Educación Pública. Sin demérito de su antecesor, a quien a todas luces no dejaron operar, y de quien no se aprovechó su bien conocida mano pesada, el actual está alcanzando el logro más sencillo de su encargo: cumplir la ley. Queremos más de ésas.

camilo@kawage.com