imagotipo

De Justicia y Otros Mitos

  • Sergio Valls Esponda

  • Sergio Arturo Valls Esponda
  • País imaginado

Aprovechando lo que para algunos es el último tramo de vacaciones, le invito a concebir un país imaginario. Vamos a nombrarlo “Choague”. Se extiende a lo largo de una superficie de 231 mil 444 km2, lo que lo ubicaría en el lugar número 86 de los 246 países que existen en el planeta. Para darse una idea, es un tamaño similar al Reino Unido o Rumania, superior a la suma de Dinamarca, Suiza, Bélgica y Portugal. Lo habitan poco más de12 millones de personas, lo que lo sitúa como el número 76 del mundo por arriba de Bolivia, Grecia o Uruguay.

Choague es favorecido con una biodiversidad solo comparable con Brasil. Lo cálido de su gente, su arte y gastronomía enamoran. Posee miles de kilómetros de litorales, cordilleras, bosques tropicales, ríos, lagos y lagunas. Su imaginaria geomorfología es compleja; su territorio se accidenta en sierras y montañas, entre las cuales existen depresiones que forman caprichosos cauces.

No obstante nuestra ficticia República enfrenta problemas complejos. Ocupa uno de los últimos lugares mundiales en nivel de ingresos (4.2 usd PIB per cápita, similar a Guatemala) lo mismo sucede con el Índice de Desarrollo Humano (IDH), estadística de la ONU para conocer los niveles de acceso a la salud, educación y vida digna (.653, similar a El Salvador). Sobra decir que los índices de alfabetización, pobreza y vigencia del Estado de derecho son una calamidad.

Sobre las causas que dieron origen al triste panorama humano que se vive en Choague, expertos han desarrollado profundos estudios que explican las razones históricas y culturales del rezago social. Se ha señalado a la corrupción, la manipulación de la Iglesia, los primitivos usos y costumbres que aún perduran y a la inaccesible geografía como culpables. Pero al final las cosas continúan deteriorándose. La solución que ha prevalecido es actuar como si no existieran esos problemas, aplicar exactamente la misma receta que a otras regiones con realidades completamente diferentes.

Posiblemente ya intuyó de qué estamos hablando. Si bien el país es imaginario, las cifras son reales. Corresponden al conjunto de tres Estados que por desgracia son los peor catalogados en casi todo indicador. Chiapas, Oaxaca y Guerrero. (Choague por sus primeras letras). Los números de habitantes y superficie corresponden a la suma, el resto es su promedio.

El problema magisterial que se vive en esos Estados y se padece en varios más, ¿es causa o consecuencia de su realidad? No hay que ser politólogo para saber que fueron gobernantes quienes corrompieron al magisterio, que los profesores de la región han sido utilizados con fines políticos por décadas. Entonces, ¿qué es lo correcto? Pensar que son de Baja California o de Coahuila y tratarlos en consecuencia. Ahí están los resultados.

En estos Estados el 52 por ciento de la población mayor a 15 años abandona los estudios, mientras que en Estados del centro la cifra del rezago educativo ronda el 20 por ciento. Lo mismo ocurre con el ingreso por familia en donde sobreviven con un monto que corresponde al 40 por ciento de lo que genera una familia en el norte. (Del daño provocado por la penosa rabieta entre INEGI y Coneval sobre la métrica utilizada ya platicaremos).

La conclusión no puede ser más previsible. Aplicar el mismo rasero entre desiguales se traduce en rechazo, exclusión e injusticia además genera mayor desigualdad. Quizá es momento de replantear nuestro imaginario federalismo y ejercer políticas públicas orientadas a resolver problemas regionales. Buscar aquello que habita entre el satanizado centralismo y el idealizado federalismo. Lo que es un hecho es que en el irreal Choague la realidad difícilmente puede ser peor.

Si la geografía dependiera de indicadores, créame, Centroamérica inicia en Veracruz.