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De Justicia y otros Mitos

  • Sergio Valls Esponda

  • Sergio Arturo Valls Esponda
  • Ya están entre nosotros

Una criatura se ha integrado a nuestras vidas. El zombi nos acompaña desde hace algunos años a través de películas, series de televisión, video-juegos o libros. Es ya parte de la cultura popular. La palabra zombi siempre estuvo relacionada con el misterio, la muerte y la pérdida de voluntad. Son reconocibles por su ferocidad torpe, su hambre eterna, la ropa harapienta, la pérdida de toda relación con el ser que se era antes, la muerte social, y su condición de ser ni vivo ni muerto.

Presumiblemente originados en Haití como resultado del culto vudú, también pueden ser la metáfora del miedo que causaba la esclavitud y sus consecuencias. La pesadilla moderna del Apocalipsis imagina un planeta invadido por estos seres descerebrados que caminan por las calles sin rumbo fijo y con la mirada perdida.

Pues parece que en forma silenciosa pero masiva el virus ya está entre nosotros. Cuando salga a la calle mire a su alrededor. Verá personas agitando sus teléfonos o mirando la pantalla de manera febril: zombi. En grupos o en solitario caminan, retroceden, dan vueltas. Te tocan o se tropiezan. Los he visto correr, teléfono en alto, sin reparar en que casi los atropellan.

El pasado día 3 de agosto uno de los juegos móviles más esperados llegó a México. Se trata de Pokémon Go, el juego de Nintendo que satisface el deseo más ferviente de los seguidores de la caricatura: la ilusión de cazar pokemones en la vida real. Y, para familiarizados o no con el personaje, la dependencia es inmediata.

“Con la ayuda de la realidad aumentada y la ubicación de GPS, Pokémon Go nos mostrará pokemones en la vida real”. Eso nos promete la publicidad del juego. Pero ¿cuál es la vida real? ¿La que percibo a través de mi teléfono o la otra? Sin duda una es más divertida.

La aplicación supera en número de usuarios a Twitter y Facebook. La multinacional japonesa ha duplicado su valor en la Bolsa. El fenómeno viral es de magnitudes planetarias. Ha sacado a millones de personas a las calles, móvil en mano, tras las criaturas que Nintendo ha diseminado por todo el globo. Se han visto en la catedral de Madrid, en la Zona Cero de Nueva York y en el museo Auschwitz de Polonia. La aplicación gratuita, es líder de descargas en las tiendas de Google y Apple. Tal ha sido el éxito de estos monstruos encapsulados que el tiempo medio de uso de la aplicación es de 33 minutos diarios, superando a Facebook. Nintendo pretende extender el universo Pokémon a 200 países.

Las invenciones que han nacido a raíz del éxito de la aplicación nipona son muy ingeniosas. Por ejemplo una empresa ha desarrollado un dron que permite llegar hasta el punto exacto donde dar caza a un Pokémon, por muy inaccesible que sea. En algunos países es posible contratar taxis para perseguir a Pikachús o autobuses turísticos para recorrer lugares de pokemones. Se organizan viajes a otros países con la finalidad de jugar.

Surgió una nueva actividad profesional: instructor en Pokémon. Por 15 euros la hora un experto se encarga de hacerte avanzar en el juego. Si desarrollaste un nivel alto, recibirás ofertas para trabajar, por un sueldo diario, como guía de grupos.

Por su parte, McDonald’s no ha querido dejar pasar este tren. La cadena llegó a un acuerdo con Nintendo en Japón para que sus 3 mil establecimientos se conviertan en bases y gimnasios Pokémon.

Admito que suena exagerado equiparar el lanzamiento de un juego con el Apocalipsis zombi. Pero el impacto y la velocidad en el crecimiento no tienen parangón en el planeta Tierra. Eso nos debe hacer reflexionar por lo menos en las consecuencias de la pérdida de identidad, alejamiento de la realidad, dependencia tecnológica y, principalmente, qué información estamos compartiendo y a quién.