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De Justicia y Otros mitos

  • Sergio Valls Esponda

  • Sergio Arturo Valls Esponda
  • Mediar para solucionar

El conflicto nos caracteriza, es más, si piensas hacer algo que no tenga la posibilidad de convertirse en conflicto, seguramente no vale la pena y si se presenta el conflicto aprovecha la oportunidad que te dará resolverlo. La colisión permanente de intereses entre individuos, comunidades o naciones pareciera ser la naturaleza misma. En buena medida, hallamos solución a estos problemas mediante distintas formas de organización social, unas más efectivas que otras: algunas formalistas y costosas, pero sin duda, todas encaminadas a preservar la paz, entendida como estado de bienestar y no como ausencia de conflicto.

Pocas cosas más fáciles y fundadas que criticar al proceso que se dirime ante un juez, en el que los interesados se apoyan en su abogado, ese letrado que acude al llamado de la sociedad con la espada desenvainada en defensa de los intereses, legítimos o no, de su cliente, para buscar una sentencia que lo absuelva o que condene a su contraparte.

Es evidente que si lo que se busca es enmendar el lastimado tejido social, el proceso judicial no es el camino fácil ni económico; mucho menos el rápido: en más de una ocasión es posible hallar la solución mediante un: ¡Discúlpame, amigo, compadre, compañero, vecino, hijo!, etcétera. Cosa que naturalmente no se alcanza en un juicio. Allí, los intereses ya no son solo de las partes, sino que pasa a los hombros de los auxiliares de la justicia con la lucha de egos o cualquier otro tema, distinto al de origen.

Es así que los medios alternos de solución de conflictos tienen especial importancia y dejan ver la trascendencia de su oportuna y correcta aplicación. Por citar un ejemplo, en la justicia indígena los mismos integrantes conforman un jurado sin expertos en leyes pero con grandes conocedores de sus costumbres. Ellos cortan de raíz el problema con determinaciones obligatorias, siempre buscando reparar el tejido social lastimado.

Se verifica que la mediación y conciliación alcancen múltiples ventajas y beneficios. De inicio no se requiere de un abogado, lo que hace el procedimiento sencillo y económico. Es atendido por personas especializadas que, más allá de buscar el dictado de una sentencia, privilegian resolver el conflicto. Asimismo, la justicia formal o jurisdiccional en gran medida se descongestiona al ocuparse solo de aquellos asuntos en los que no hubo arreglo, que se esperaría fueran los menos.

En América Latina los medios alternativos de solución de conflictos se han incorporado a legislaciones nacionales. Una de las discusiones más relevantes en cuanto a la incorporación, es si su implementación debe ser voluntaria u obligatoria; en alguna etapa previa o dentro del proceso. En países como Argentina, Colombia y Uruguay las leyes generales de mediación y conciliación son de carácter obligatorio en materias civiles, como una necesaria antesala a la justicia formal. México cuenta con leyes que incorporan de manera facultativa la mediación y conciliación en materia civil.

En mi opinión, la mediación civil debe ser obligatoria cuando las partes sean familiares o vecinos. De otra forma no se logra, por justa que sea la sentencia, restaurar el tejido social.