imagotipo

De justicia y otros mitos

  • Sergio Valls Esponda

Un güero tras el muro

El Muro no espanta, error dará si le ponen un espejo y reflejarnos en él.

Para quienes tenemos más de 25 años, la palabra “muro” tenía un referente casi universal: la imagen del Muro de Berlín. Quienes además somos adeptos al rock progresivo, también la relacionamos automáticamente con los ladrillos de otro muro: uno metafórico que aísla y protege pero acaba por convertirse en una fantasía autodestructiva. Lo conocimos en uno de los álbumes más vendidos de todos los tiempos “Pink Floyd. The Wall”. Dicho sea de paso, su más legendario concierto fue en el Muro de Berlín.

A raíz de las campañas por la candidatura del Partido Republicano a la Presidencia de Estados Unidos, la palabra cambió su referente, por lo menos en México; hoy cuando escuchamos “muro” dudo que exista alguien que no la relacione con la ocurrencia del candidato Donald Trump. Todos los días aparecen notas sobre la hipotética barrera. En el fondo sabemos que es una locura, pero en términos de propaganda política ha sido una maravilla de argumento.

Oculto tras un muro de jactancia, en nuestros vecinos del norte habita el miedo. Observemos su cine y su literatura: miedo a los vampiros, a los zombis, a feroces animales gigantes, a los psicópatas, a los comunistas, a los terroristas. Ante su paranoia respecto a la seguridad, la dura situación económica y el ADN racista que por siglos los caracterizó, no fue difícil utilizar con éxito la imagen de la barda protectora. Además ha sido referida de manera tan vaga que cada persona tiene su propia idea de muro. Habrá quien lo imagine con púas en lo alto, quien conciba una pared metálica y resbaladiza o simplemente una valla electrificada. El muro, además de incosteable, es inviable. De los tres mil 200 kilómetros de frontera, mil 200 son ríos. Seguramente no se quedarían de este lado; tampoco es posible poner un muro a medio caudal.

Pero en una campaña se dice lo que la gente quiere escuchar. ¿Recuerda al partido “defensor de la vida” exigiendo la pena de muerte, incluso a sabiendas de que es inconstitucional? Pero al pueblo le gustaba. Y qué tal la promesa de Fox: “En 15 minutos resuelvo el problema de Chiapas”.

Por momentos Trump puede resultar cómico, pero es ese estilo bufonesco y extravagante lo que le ha generado simpatías. Supo romper con el acartonado sistema político. Su fortuna le permite no alinearse ante nadie y para una sociedad de consumo como la estadunidense, ser millonario es sinónimo de ser inteligente y exitoso.

En el supuesto de que llegara a la Presidencia ante un apabullante respaldo social, tampoco nos debemos preocupar mucho por la muralla. Seguro saldría con otra ocurrencia, diciendo que la pared será virtual y que sus drones estarán recorriendo la frontera cada minuto del día. O nos asestaría un chiste comentando que, como se ha demostrado, los mexicanos somos mejores para hacer túneles que para escalar paredes.

El título del artículo, sin embargo, alude a otro güero, al 56442-179. Es el número de preso de Jesús Héctor Palma Salazar, “El Güero Palma” y el muro al que hago referencia es el de la prisión Adx Florence, en el Estado de Colorado. Increíblemente y después de una significativa reducción en su condena (por buena conducta, dicen), un criminal despiadado, que protagonizó páginas negras de nuestra historia reciente, andará en breve de este lado del muro, quizá tramitando un amparo para sembrar marihuana. La esperanza es que la PGR, en los ratos libres que le deja el tema de los normalistas, tuvo tiempo de preverlo y armó una investigación que permita su re aprehensión.

Madres, aprovecho para decirles: ¡felicidades!