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De Justicia y Otros Mitos

  • Sergio Valls Esponda

  • Sergio Arturo Valls Esponda
  • Presidente Trump

 

Es parte de nuestra cultura: evitamos hablar de temas que pueden incomodar. Se considera desde una descortesía hasta un insulto. Si le preguntan a quién se parece el hijo recién nacido de los compadres, sería incapaz de responder ¡A una cabeza Olmeca!, aunque sea igualito y estemos orgullosos de nuestro origen indígena. En mi caso nadie me ha dicho personalmente que mi artículo de El Sol de México es una incoherencia. Y no digo que este mal ser políticamente correcto el problema es cuando creemos que esa es la verdad. Al bebé le van a poner de nombre Brad.

Cuando comento que en mi opinión las elecciones del 8 de noviembre en Estados Unidos las ganará Donald Trump experimentó un sentimiento entre culpa y falta de nacionalismo, pues sé que incómodo. Le comparto algunos argumentos que me hacen creerlo:

Los padres fundadores de la Unión Americana, aquellos que redactaron el Acta de Independencia y la Constitución que sirvió de modelo para nuestro país, aunque nada teníamos en común fueron personas que tenían al menos cuatro semejanzas. 1 Eran hombres. 2 Eran blancos. 3 Eran de clase alta y 4. En su mayoría eran dueños de esclavos. Las primeras tres características se mantuvieron similares durante 232 años; lo de esclavos un poco menos. En 2008 llegó a la Casa Blanca un presidente de raza negra, los conservadores y muchos americanos aún se preguntan cómo lo pudieron permitir. Esos mismos grupos hoy son los más fervientes seguidores de Trump, con la diferencia que esta vez están organizados y serán los encargados de que todo miembro de sus comunidades acudan a votar. Están convencidos de que si permiten que después de un afroamericano, arribe a la Casa Blanca una mujer el próximo presidente va a ser un transexual o, Dios no lo quiera, un hispano.

Hillary tiene mala fama. El 70 por ciento de los votantes piensan que no es de fiar y que es corrupta. Representa a la vieja manera de hacer política y no entusiasma a ningún independiente, indeciso o joven. Sus recientes problemas de salud la hacen ver vulnerable, concepto cercano a débil, y honestamente no considero que haya ganado el debate. Un debate solo se gana si destrozas a tu contrincante o si éste se autodestruye. Sólo un estadunidense puede decir si su país está igual, mejor o peor que hace algunos años. Lo que es un hecho es que en cualquier lugar del mundo es común pensar que las cosas pueden estar mejor. Hilary es percibida como continuidad, a diferencia de Trump que representa cambio, una nueva manera de decir y hacer las cosas.

Con todo lo nefasto que nos parezca Trump, debemos reconocer su talento en mercadotecnia. Los medios lo adoran. Jamás había existido un candidato tan conocido. Gracias a él los mexicanos leemos más periódicos, vemos más noticias, nos involucramos y hablamos de política. El polémico tema del muro visto a la distancia fue una genialidad de mercado, pues del tema se habla en todo el mundo y lo peor es que es visto con simpatía en muchos lados que sufren problemas de migración y terrorismo. La verdad que nos grita el muro es algo a lo que también evadimos hacerle frente, quizá por eso la razón de nuestro enojo. Los indocumentados no se alejan de sus familias por gusto, lo hacen porque en México no hemos sido capaces de ofrecerles alternativas de vida digna.

Una brillante sicóloga Suiza habla de cinco etapas que una persona experimentaante un escenario catastrófico e inevitable: Negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Cada uno de nosotros experimenta una etapa respecto a Trump. No tiene que seguir la misma secuencia ni tienen que cumplirse todas. Aunque la mayoría no pasa de la ira algunos ya estamos observando que a Hilary tampoco le importamos mucho. Y usted ¿en qué etapa se considera?

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