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De Justicia y Otros Mitos

  • Sergio Valls Esponda

  • Sergio Arturo Valls Esponda
  • Tema obligado

 

A nadie interesa Clinton, lo que importa es si gana o pierde Trump.

Por extraño que parezca, le pido que piense en Homero Simpson. Es un personaje popular por ser reflejo de la cultura y personalidad del norteamericano promedio. Reflexione la siguiente pregunta: ¿por quién votaría Homero? De acuerdo: Simpson es Republicano. Sabemos que en ocasiones la realidad supera a la ficción.

Desde una visión mercadológica, Donald Trump es una maravilla. No dejamos de hablar de él, generalmente para denostarlo, burlarnos o criticarlo. Aunque deseo lo contrario, observo posibilidades reales de triunfo. Las dos razones principales: sus seguidores poseen más enjundia que los acartonados demócratas y su discurso es mucho más atractivo que el de la exprimera dama. Algo similar pasó en México con Vicente Fox, cuando en el 2000 nos demostró que existen maneras nuevas de hacer política y de comunicarse con los ciudadanos. El lenguaje directo, franco incluso divertido fue ilusión de una transformación del país. Creímos que estaba en nosotros dar frescura a la política y modificar nuestra realidad. Una vez más, triunfó la decepción.

Despojándome hasta donde me fue posible de carga ideológica, sentimiento patriota o prejuicios y filtros mediáticos, me dispuse a escuchar los últimos discursos de Trump. Lo digo con cargo de conciencia: no son nada descabellados, es más, son políticamente poderosos y socialmente contagiosos. Me explico: su tema principal no es el racismo ni el anti mexicanismo; si así fuera simplemente hubiera ignorado la polémica invitación del presidente Peña Nieto, tal como lo hizo Hillary Clinton. Su tema de fondo es la lucha en contra del actual sistema político estadunidense, concretamente en contra de la corrupción y de los grupos en el poder que sirven a las clases privilegiadas. En eso sí se parece a Adolfo Hitler con un discurso muy similar, basado en recuperar la grandeza de su país y la dignidad de una nación humillada por intereses ajenos a los del pueblo; logró enamorar a Alemania, apelando a una supuesta superioridad racial y moral; también dominó con vergonzosa complacencia a una Francia que era cuna de ideales pero cama de realidades.

No es gratuita mi alusión a esos dos países. Es ahí en donde las arengas de Trump tienen más adeptos. Ejemplos. Frauke Petry, dirigente del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), experimenta un impresionante aumento en los sondeos electorales. En Francia la principal figura de la extrema derecha, el expresidente del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, escribió en Twitter: “Si fuera estadunidense votaría a Donald Trump”.

Por lo pronto, las elecciones del vecino país nos dejan una lección. Las transformaciones de los sistemas políticos –para bien o para mal– solo son posibles si surgen desde dentro. El acierto de Trump fue utilizar la maquinaria de un partido político cuya ideología en nada comparte, para montarse en él y ponerse al borde de darle la vuelta a todo el sistema político, económico y social de una nación. Es el Lutero del sistema americano.

Para México cualquier escenario es malo. Si gana Clinton, tendrá que endurecer su postura para lograr un vínculo con los que no votaron por ella. Con Trump, es obvio por qué.

Sin dejar de preocuparnos por las consecuencias que el resultado tenga para los mexicanos, empecemos por ocuparnos de las causas de una realidad histórica sin precedentes para los paisanos detrás del muro; realidad que desarticula familias, aniquila dignidades y compromete el futuro de millones de personas.