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De Justicia y otros Mitos

  • Sergio Valls Esponda

  • Sergio Arturo Valls Esponda
  • Quien con niños se encuesta…

Las encuestadoras, diría un político, son como los niños: nos dan tantas alegrías como enojos pero, al hacernos soñar con el futuro, hace posible que sigamos juntos. Una semana después del martes trágico y con el 90 por ciento de los sondeos electorales equivocados, vale la pena preguntarnos qué demonios pasó. ¿Nos engañaron o nos engañamos? ¿Cómo explicar el fracaso en la meca de las apuestas, pronósticos y encuestas?

Tal como diría el novel Nobel: “La respuesta, mi amigo, flota en el viento”. En este caso, en la nube de la hiperinformación, ahí en donde habitan las redes sociales. Sabemos que suelen ser subestimadas o sometidas a metodologías que no resisten la prueba del tiempo. Esta vez fueron clave en los resultados y marcan el inicio de una nueva era de la comunicación en las campañas políticas.

Barack Obama basó en ellas una buena parte de sus campañas. Donald Trump tuvo control total en ese campo. El sistema de inteligencia artificial MoglApredijo correctamente las tres últimas elecciones de EU. Para hacer sus predicciones explora y analiza información en sitios como Google, Facebook, Twitter y YouTube. Según el algoritmo que utiliza, Trump superó en un 25 por ciento la popularidad de Obama en las elecciones de 2008.

Los números son contundentes. Mire lo que pasó el viernes 4 de noviembre: la página de Facebook de Trump acumulaba 11.9 millones de “me gusta” y su cuenta de Twitter contaba con 12.9 millones de seguidores. A partir de ese día, Clinton tenía 53 por ciento menos “me gusta” en Facebook y 27 por ciento menos seguidores en Twitter.

Otro dato: Un post sobre un acto de campaña en la página de Trump horas antes de la apertura de las urnas, lo habían compartido 29 mil 782 veces, y el video incluido lo habían visto más de dos millones de usuarios.

Casi al mismo tiempo, un post en la página de Clinton, también sobre un acto de campaña, lo habían compartido mil 965 veces, y el video incluido había sido visto poco más de 200 mil veces. Es decir, las redes sociales de Trump marcan una gran diferencia de intensidad en la interacción.

Es interesante observar lo que pasó con los medios tradicionales. En primer término, la campaña negativa contra Trump no le hizo el daño esperado. Mientras que Clinton logró el apoyo casi unánime del periodismo en su país con 243 diarios y 148 semanarios, Trump sólo recibió el apoyo de 20 diarios. La proporción fue de 27 a 1. Tan sólo una fracción de esta cobertura negativa hubiera bastado, hace poco tiempo para dañar las posibilidades de un candidato o incluso descarrilar cualquier candidatura.

En resumen los medios tradicionales y sus encuestas se quedaron atrás. El Brexit, el “no” en Colombia, el triunfo de Macri en Argentina son grandes y recientes papelones de las encuestadoras. Tampoco olvidemos el empanizado domingo 5 de junio en México. Entonces me referí a las encuestas como falsos tributos para falsos príncipes hechos por falsos profetas. Es algo que sabemos hace años, pero el morbo nos gana. Los periodos electorales, con los candidatos cargando sus encuestas bajo el brazo, provocan sentimientos entre la ternura y el patetismo. Ellos saben que sabemos que la encuesta está confeccionada a la medida del que la pagó.

La noche de aquel domingo las televisoras ostentaban la participación de expertos en mediciones. Inolvidables fueron sus sudorosos rostros intercambiando miradas mientras trataban de explicar, más a sus contratantes que al público, las razones científicas del tremendo ridículo. En cuestión de horas cambiaba el nombre del ganador, nos decían que había algunas muy cerradas y acabaron con diferencias de más de 10 puntos. Por increíble que parezca continúan los mismos rostros equivocando predicciones esta vez con Clinton y serán los mismos con que veremos las elecciones de 2017 y 2018.