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De Justicia y Otros Mitos

  • Sergio Valls Esponda

Salón de sesiones “Sergio A. Valls Hernández”

  • Sergio Arturo Valls Esponda

La actual Legislatura del Estado de Chiapas en sesión celebrada el pasado 28 de noviembre acordó sin un solo voto en contra que el salón de sesiones del Honorable Congreso del Estado llevará por nombre, el de mi padre: Sergio Armando Valls Hernández. El dictamen respectivo menciona: “en reconocimiento a la gran labor académica, política y profesional de excelencia que desempeñó en toda su trayectoria de vida, lo anterior en conmemoración así segundo Aniversario Luctuoso”. Honor que agradecí en nombre de mi familia en la Sesión Solemne celebrada el día de ayer lunes 5 de diciembre de 2016. Comparto con usted un fragmento de las palabras pronunciadas en tan emotivo acto.

“…Mi padre, tenía una característica que no era muy conocida, su buen humor y fino manejo de la ironía, por eso se reía un poco de aquellas personas que pasan su vida entera buscando una plaza exclusiva en el reino de la posteridad. Él nunca hizo planes de futuro más allá de la siguiente vacación familiar. Rehusó planear su último viaje, le parecía triste y absurdo. Sé que me iré con lo que traigo puesto y que nada de lo que conservo me acompañará al otro mundo. Solía decir. Lo que lo hace especial fue su férrea voluntad para lograr sus metas, el absoluto compromiso con sus principios y valores. Demostrarnos que lo único que impide alcanzar un sueño es dejar de creer en el. “ mientras haya un soñador habrá esperanza”, dijo Flores Magón.

No es difícil hablar de él, el reto es hacerlo sin caer en excesos o adulaciones, Nada más alejado de su persona, que también es ya su memoria. Nació en Tuxtla Gutiérrez el 20 de mayo de 1941, en donde cursó primaria y secundaria; siempre fue un profundo soñador, de esos que desde niños ven su brillante porvenir y luchan para conseguirlo; se destacó por su capacidad para el estudio. La preparatoria y la licenciatura en Derecho las cursó en la UNAM, se graduó en agosto de 1964 con mención honorífica.

En su época de universitario, regresaba a Tuxtla para pasar las vacaciones con mis abuelos fue en uno de esos viajes cuando conoció a Guille Esponda, mi mamá. Quedó flechado. Se casaron el 14 de febrero de 1965.

Hizo de la cátedra su vocación inquebrantable. Contribuyó con voluntad, emoción y sensibilidad a la formación de nuevos juristas en diversas universidades a quienes mediante sus clases les heredó el impostergable compromiso y amor al derecho. Trabajar en el continuo fortalecimiento de la ciencia jurídica, significa multiplicar los afanes y sumar los desvelos, con el fin de generar grandes transformaciones fue un hombre a la altura de su tiempo, un personaje que sobresalió por las peculiaridades de su formación personal y profesional. Su amor al derecho, pensamiento lógico, disciplina, ecuanimidad, sabiduría y sentido humano, le permitieron ser un servidor público de vocación, conoció las entrañas de los tres poderes. De su desempeño deja constancia en su vasta obra, tanto en materia administrativa como de seguridad social. Su participación, discreta pero determinante, en la creación de una buena cantidad de leyes la reconocen quienes lo acompañaron en esa etapa. Su obra especializada sobre transexualidad y matrimonio y adopción por personas del mismo sexo, derivada de las polémicas sentencias de su autoría, se adelantó a su época y ya configuraba lo que sería el tsunami garantista que hoy arrasa la vida jurídica del país.

En el devenir de la historia jurídica contemporánea de México dejó profunda huella, de manera particular en la Suprema Corte de Justicia de la Nación”.

“Morir es retirarse, hacerse a un lado,

ocultarse un momento, estarse quieto,

pasar el aire de una orilla a nado

y estar en todas partes en secreto.” Jaime Sabines.

Ese era mi padre, y en su corazón aún vivo habita su adorado Estado. Siempre Chiapas.