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De Justicia y Otros mitos

  • Sergio Valls Esponda

  • Sergio Arturo Valls Esponda
  • Historia navideña

¿En su casa qué se celebró el domingo? Es de esperar que, cuando hay niños entre los presentes, el panzón de Santa acapare el protagonismo, pero aún perduran las letanías, los villancicos y alguna tía que nos recuerda que el motivo de la pachanga es el nacimiento de Jesús. La Natividad.

Fue en el año 350, cuando el papa Julio I instituyó oficialmente la fecha del 25 de diciembre. En realidad fue idea del emperador Constantino (272-337), quien creyó conveniente hacer coincidir el nacimiento con la fiesta más popular e importante del Imperio Romano, la del solsticio. Se llamaba Festival de Saturnalia en honor a Saturno, Dios de la agricultura. Era una ocasión para visitar amigos y parientes e intercambiar regalos. Cerraban las escuelas, tribunales y tiendas, se paraban las guerras. Con estas tácticas no se alteraba el calendario romano y las tradiciones paganas se fueron eliminando. Aunque es muy poco probable que sea la fecha real del nacimiento de Cristo, lo importante era terminar con las costumbres no cristianas. Algo así como sepultar un templo pagano debajo de una catedral.

Para quienes fuimos educados en el cristianismo, la historia es bien conocida, o eso creemos, porque en realidad es una mezcla de los evangelios de Mateo y Lucas. El más aceptado es el de Mateo, quizá porque allí aparecen los Reyes Magos y es más pintoresco, aunque en él, la anunciación se revela a José en un sueño y la pareja ya vivía en Belem, la aparición de Gabriel a María y el viaje de Nazaret están en el de Lucas.

El problema con mi fe, es que la tomo como eso, “fe”, algo que se cree o se cree que se cree, sin que pueda comprobarse. Entonces, si aceptamos el relato de Mateo, tenemos que hacernos varias preguntas. Unas frívolas: ¿Qué hizo la Sagrada Familia con el oro que le tributaron? ¿Se volvieron ricos? ¿Los Reyes de Oriente se hicieron cristianos? Otras incómodas: ¿Por qué la estrella guió a los Reyes a la puerta de Herodes? ¿Por qué José no trató de impedir la masacre que estaba a punto de suceder? ¿Por qué Dios permitió que mataran a tantos bebés? Con sus superpoderes hubiera sido fácil que no se enterara Herodes. Mañana conmemoramos, de torpe manera, la muerte de los inocentes.

Tristemente, si nos detenemos en otros relatos bíblicos, observamos que es habitual el maltrato infantil. Desde el Diluvio Universal que igual arrasó con niñas y niños, pasando por los agravios que Abraham infligió a sus hijos, primero desterrando a Ismael y luego con el irreversible trauma psicológico a Isaac, así como la decisión de Lot de entregar a sus hijas a los hombres de Sodoma y Gomorra para que las violasen y dejaran en paz a los dos ángeles. Claro que después calcinó las ciudades con todo y niños, (Génesis 19,24-25). O la muerte a todos los primogénitos de Egipto (Éxodo 4,22-23). La lista de masacres que incluyen menores es interminable. Por eso qué bueno que en estas fechas sean quienes más disfruten la Navidad.

Por fortuna el cristianismo se adaptó a la lucha en favor de los derechos de las niñas y los niños. Es impensable ver a un sacerdote consintiendo el homicidio de un menor. Únicamente se acepta el amor al prójimo, la enseñanza de la doctrina y los abusos sexuales.

Que en esta época invernal además de buenos deseos y reflexión. Cuestionemos aquello tan sólido e inmóvil que parece intocable, nuestras instituciones, principios y valores.